CINCO POEMAS DE CÉSAR ALFONSO VIÑAS
Estudio crítico y comentario verso a verso
Por Rafael Labella
ÍNDICE
Nota preliminar
I. Coordenadas de una poética 1. Una geografía que no es
decorado · 2. La ciencia como cantera léxica · 3. Poesía civil
sin coartada · 4. El rock como materia lírica · 5. El defecto
estructural
II. Criterio de selección Los cinco · Los descartados de
última hora, y por qué
III. Comentarios
«El poeta» —
El suave eco de la poesía (2013)
«Over the hills»
— El suave eco de la poesía (2013)
«Cabalga sobre
el viento salvaje» — Cabalga el viento salvaje
«Hyde Park» —
El suave eco de la poesía (2013)
«Versos del
olvido» — Afrontando el aguacero
IV. Balance Lo que hay · Lo que
falla · Sobre la pregunta de la contribución
V. Excurso: sobre las «versiones revisadas» El caso
decisivo: «El poeta» · El patrón, en once poemas cotejados · Y
el material de nuevo cuño · Recomendación
VI. Apéndice filológico A. Atribuciones y datos que deben
corregirse · B. Erratas ortográficas y tipográficas · C.
Cuestiones de gramática · D. Aciertos eruditos que conviene señalar
Nota final
NOTA PRELIMINAR
Este estudio se ha redactado sobre el
corpus facilitado directamente por el autor: El suave eco de la
poesía (Ediciones Verso Libre, Algeciras, 2013), El puente
hacia la libertad, En el valle de los Monumentos, la
sección «Cabalga el viento salvaje» —publicada en volumen
compartido con Juan Emilio Ríos Vera— y la antología Poemas
reunidos (2003-2023). Se han leído íntegramente los cinco
volúmenes antes de proceder a la selección.
Conviene decir tres cosas de entrada, para que el lector sepa qué
tiene entre manos.
Primera. Este es un trabajo de crítica, no de presentación
editorial. Se argumenta lo que funciona y también lo que a mi juicio
no acaba de resolverse. He evitado deliberadamente afirmar que esta
obra haya renovado el panorama de la literatura
campogibraltareña: esa es una tesis que solo el tiempo y la recepción
sancionan, y firmarla de oficio devaluaría todo lo demás que aquí
se diga. Lo que sí puede hacerse —y es más útil— es mostrar
con precisión qué hace esta poesía que otros no estén haciendo, y
con qué medios técnicos lo hace.
Segunda. El corpus presenta un problema textual serio que
condiciona cualquier lectura. Los Poemas reunidos incorporan,
junto a los poemas originales, un número muy elevado de «versiones
revisadas» cuya dicción difiere sistemáticamente de la del autor:
estrofas regularizadas, mayúscula inicial en cada verso (convención
tipográfica inglesa, ajena al uso español moderno), sustitución de
la imagen precisa por el abstracto explicativo, y una tendencia
constante a decir lo que el original mostraba. A ello se suman series
enteras —los «Haikus místicos», los sesenta y cinco fragmentos
de «Trazos del alma»— construidas sobre un vocabulario de mística
genérica («alma», «éter», «lo trascendental», «lo divino»).
Los cinco poemas comentados aquí son, todos, versiones
originales. Al excurso final se remite la argumentación
detallada de por qué las versiones revisadas empeoran de manera
demostrable los textos que reescriben. Es, probablemente, la
observación más práctica de todo este informe.
Tercera. El comentario verso a verso se hace sobre el texto
tal como aparece en la edición de origen, con sus erratas. Estas se
recogen y corrigen en el apéndice filológico, no en el cuerpo del
análisis.
I.
COORDENADAS DE UNA POÉTICA
Antes de entrar en los poemas conviene
fijar el marco, porque esta obra se lee mal si se la mide con la vara
equivocada.
1.
Una geografía que no es decorado
César Alfonso Viñas (La Línea de la
Concepción, 1975) escribe desde el Campo de Gibraltar, y esa
localización no es un dato biográfico sino una estructura de
percepción. La frontera, el Peñón, el Estrecho: el poeta vive
en el punto exacto donde el mito clásico (las Columnas de Heracles,
Gerión, Tartessos), el imperialismo contemporáneo (la base
británica, «un sol imperial británico abrasador») y la
explotación laboral cotidiana (los «cinco mil obreros linenses»
que el Monte Calpe «se traga y escupe diariamente») ocupan un mismo
kilómetro cuadrado. De ahí procede el rasgo más constante de su
escritura: la superposición de planos temporales incompatibles
sobre un mismo lugar.
Esto explica que en «Avenida Jorge Bonsor» Carmona sea a la vez
tartésica, bética, andalusí y polvorienta; que en «Hyde Park» un
parque londinense amanezca con luz de la Bética; que el Guadalquivir
sea «un Nilo» y «un Volga». No es una manía comparativa: es la
única forma que el poeta ha encontrado de decir que en su tierra el
tiempo no ha pasado en capas sino todo a la vez.
2.
La ciencia como cantera léxica
Ríos Vera señaló en su prólogo de 2013
la «simbiosis precisa y cuidada entre literatura y ciencia». Es
cierto y merece más precisión de la que suele dársele. Viñas no
hace «poesía científica» al modo divulgativo. Lo que hace es usar
el léxico técnico como material metafórico de primer orden, en
pie de igualdad con el léxico mítico. Neuronas, hadrones, bosones,
supercuerdas, quásares, agujeros de gusano, el gato de Schrödinger,
onda y partícula, las curvas de Einstein: todo ello no ilustra,
sustituye. Cuando escribe «Seré onda y no partícula /
consciente de nada y de todo», la dualidad cuántica no adorna una
idea sobre la muerte: la formula.
El riesgo de este procedimiento es evidente y el autor no siempre
lo esquiva: el término técnico puede quedarse en pura ostentación
léxica, en «efecto de saber». El acierto, cuando llega, es que el
poema consigue algo que la tradición lírica española tenía poco
practicado —una cosmología materialista con dicción de himno.
3.
Poesía civil sin coartada
La filiación es explícita y el autor no
la disimula: Machado, Hernández, Alberti, León Felipe, Garfías,
Dámaso Alonso, María Zambrano, la Institución Libre de Enseñanza.
La adscripción política —republicana, federalista, laicista—
atraviesa la obra entera. Esto sitúa a Viñas en la línea de la
poesía social española, con un matiz importante: no escribe
desde la nostalgia sino desde la desmemoria como problema
epistemológico. Su asunto no es «lo que perdimos» sino «el
mecanismo por el cual se nos ha hecho olvidar que lo perdimos». De
ahí el título recurrente: Baladas de un país en desmemoria,
«Vengo de un país en desmemoria», «Héroes en la desmemoria».
Ahí es donde esta poesía es más y menos ella misma a la vez.
Cuando la denuncia se hace enumerativa y directa —«Hollywood»,
«Vengo de un país en desmemoria», buena parte de «Eurocopa»—
el poema se convierte en artículo de opinión versificado y pierde.
Cuando la misma pulsión se filtra por una imagen, el resultado es de
primer orden. Los cinco poemas seleccionados pertenecen al segundo
grupo.
4. El
rock como materia lírica
Es su aportación más singular y la menos
reconocida. Viñas ha escrito un ciclo entero —«Cabalga el viento
salvaje», «The Miracle Exprés», los poemas a Brian May, Roger
Taylor, John Deacon, Peter Gabriel, Jim Morrison— que trata la
música popular del siglo XX con el mismo aparato retórico con que
la tradición trató la mitología. No es homenaje de fan: es
elevación de un repertorio a materia canónica. Freddie
Mercury recibe una elegía construida con los recursos de la elegía
funeral clásica; la Red Special de Brian May recibe una descripción
del objeto —material, olor, sabor, procedencia arbórea— que
desciende directamente de la écfrasis épica.
En el panorama español, donde el rock ha entrado en la poesía
casi siempre por vía de la cita irónica o el guiño generacional,
esto constituye una posición propia y defendible.
5. El
defecto estructural
Hay que nombrarlo desde el principio
porque condiciona la lectura de todo lo demás: la obra está
insuficientemente podada. El mismo poema aparece en dos, tres y
hasta cuatro estados. Textos memorables conviven con listas de
opinión política, con notas de viaje versificadas y con series
enteras de relleno. Un lector que abra los Poemas reunidos por
una página al azar tiene una probabilidad razonable de dar con lo
peor y no volver.
Los cinco poemas que siguen demuestran que hay una obra ahí
dentro. El trabajo pendiente es el de la selección.
II.
CRITERIO DE SELECCIÓN
Se me pidió elegir cinco. Los criterios
aplicados, en este orden:
Capacidad de
sostener una lectura densa. Que el poema resista el comentario
verso a verso sin agotarse en la primera paráfrasis.
Singularidad
dentro de la propia obra. Que haga algo que los demás poemas
del autor no hacen, o que lo haga mejor que ninguno.
Tensión
productiva con la tradición. Que la filiación (Machado,
Huidobro, Pessoa, la poesía social) no sea reverencia sino
transformación.
Integridad
textual. Versión original, no revisada.
Cobertura del
arco. Que entre los cinco se cubran los registros centrales:
cosmogónico-metapoético, civil-elegíaco, elegía de la música
popular, lírica pura y autoconciencia irónica.
Los cinco
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|
Poema
|
Libro
|
Registro
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|
1
|
El poeta
|
El suave eco de la poesía (2013)
|
Ars poetica cosmogónica
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|
2
|
Over the hills
|
El suave eco de la poesía (2013)
|
Elegía civil / la Retirada
|
|
3
|
Cabalga sobre el viento salvaje
|
Cabalga el viento salvaje
|
Elegía de Freddie Mercury
|
|
4
|
Hyde Park
|
El suave eco de la poesía (2013)
|
Lírica pura / palimpsesto andaluz
|
|
5
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Versos del olvido
|
Afrontando el aguacero
|
Autoconciencia y fracaso
|
Los descartados de última hora, y por qué
Cuatro poemas quedaron a un paso y merecen
constar, porque el criterio se entiende mejor por lo que excluye.
«Transmutaciones» (El suave eco de la poesía) es
probablemente el poema más eficaz del autor en términos puramente
retóricos. Construye una cadena de prótasis condicionales —el
gusano en mariposa, el sol en aurora, el alba en rocío— y descarga
toda la energía acumulada en una apódosis única: «entonces,
Patria mía, monarquía corrupta / ¿tú por qué no vas a ser capaz
/ de transformarte en República?». Es un silogismo poético
perfecto, y su brevedad lo hace inmediatamente antologable. Queda
fuera porque depende enteramente de un solo recurso: comentado
verso a verso, se agota en tres párrafos. Es un poema excelente que
no necesita crítica.
«La reina sobre fuego» (a Brian May) contiene, a mi
juicio, la sinestesia más lograda de toda la obra: unas cuerdas de
guitarra que tienen «sabor a caoba y metal», que huelen a «vino
color sangre añejo, / reposado en tonel vinolento». El neologismo
vinolencia —del latín vinolentia, embriaguez— es
un hallazgo. Queda fuera únicamente porque compite en el mismo
terreno que el número 3, y «Cabalga sobre el viento salvaje» tiene
el peso adicional de ser elegía y no écfrasis.
«Afrontando el aguacero» sostiene con solvencia una
anáfora de nueve tiempos («Mientras…») y da título a un libro.
Su cierre —«canta libre el dulce mirlo / sobre una rama dorada»—
es de los mejores del autor. Queda fuera porque la primera mitad es
todavía diagnóstico social directo y la construcción no libera del
todo su tensión.
«Cazadores del lenguaje» propone una poética por vía de
imitación de maestros (Goethe, Huidobro, Hernández, Machado, Lorca,
Juan Ramón) que es inteligente y bien informada. Queda fuera por
solaparse con el número 1 y ser menos ambiciosa.
III. COMENTARIOS
1. «EL POETA»
El suave eco de la poesía,
Ediciones Verso Libre, Algeciras, 2013, pp. 11-12
Ficha
Cincuenta versos libres, sin división
estrófica marcada. Amplitud métrica extrema: del bisílabo
(«tierra», «agua», «aire») al versículo de más de veinte
sílabas. Ausencia total de rima. Sintaxis mayoritariamente
paratáctica, con dos bloques anafóricos que organizan la pieza. Es
el poema que abre el libro y funciona como declaración de
principios.
Situación
Toda obra poética que se toma en serio a
sí misma acaba escribiendo su ars poetica. Viñas ha escrito
varias —las series «Poéticas», «Cazadores del lenguaje», los
treinta y cinco aforismos dedicados a Jakobson, Piaget, Zambrano,
Jung—, pero «El poeta» es la única que no se limita a definir
la poesía: la sitúa en una cosmogonía. Su tesis es que el
poeta no describe el universo sino que es la condición para que el
universo signifique algo. Es una tesis huidobriana llevada más lejos
que en Huidobro, porque Viñas la formula en términos físicos.
Comentario
verso a verso
Primer movimiento: la cosmogonía (vv. 1-7)
El sonido
primigenio se hizo fuego, tierra, agua, aire, átomo, célula, carne
líquida en el Universo deshabitado.
El arranque es de una economía notable y
hay que desmontarlo despacio.
v. 1. «El sonido primigenio se hizo fuego». Doce sílabas.
El verbo es el clave: hacerse, no crear. Descarta de un
golpe el creacionismo teológico —no hay un dios que haga— y
establece un mundo de transformación, no de creación. La
fórmula «se hizo» calca deliberadamente el «Y el Verbo se hizo
carne» joánico para invertirlo: aquí no es el Verbo divino el que
se encarna, es el sonido físico el que se materializa. En un poeta
que se declara agnóstico y laicista, la inversión es programática.
Obsérvese además que el principio no es la luz (Génesis) ni el
Verbo (Juan) sino el sonido. Es la elección de un poeta para
quien la vibración —palabra que reaparecerá dos veces en veinte
versos— es la sustancia última. Estamos ante una física
pitagórica: el cosmos como armonía, número sonoro. No es casual
que Pitágoras aparezca nombrado en el verso 32.
vv. 2-6. «tierra, / agua, / aire, / átomo, / célula».
Aquí está el mecanismo del poema entero, en cinco palabras aisladas
cada una en su verso. Los tres primeros términos son los
elementos presocráticos; los dos siguientes son la materia de
la ciencia moderna. La serie pasa de Empédocles a la biología
celular sin marca de transición, sin conjunción, sin comentario. La
costura es invisible porque el poeta ha decidido que no hay costura:
la física antigua y la moderna son el mismo relato contado dos
veces.
La disposición tipográfica hace un trabajo que la sintaxis no
podría hacer. Al aislar cada sustantivo en su renglón, Viñas
obliga a leer con una pausa larga entre término y término: el poema
se lee al ritmo al que el cosmos se enfría. Es un uso del
blanco de página inteligente y económico. Nótese también la falta
de un elemento: de los cuatro clásicos, el fuego ya se ha gastado en
el verso 1. La serie está deliberadamente descabalada.
v. 7. «carne líquida en el Universo deshabitado». Quince
sílabas: el verso se dilata de golpe después de cinco bisílabos y
trisílabos. El contraste rítmico es el efecto principal y está
calculado.
«Carne líquida» es la mejor imagen del arranque. Nombra el
caldo primordial —la sopa prebiótica— con dos palabras que
pertenecen al vocabulario del cuerpo, no al del laboratorio. Y
«deshabitado» hace un trabajo doble: describe un universo sin vida
y, a la vez, prepara el argumento entero del poema. Lo que hará
falta para habitarlo no es la vida biológica: es el poeta.
Segundo movimiento: la vibración (vv. 8-10)
Las almas
oscilan en la espina dorsal y guardan el metal de las campanas las
vibraciones del cosmos.
v. 8. «Las almas oscilan en la
espina dorsal». Trece sílabas. La localización del alma en la
columna vertebral no es cristiana ni cartesiana: procede del yoga y
de la tradición tántrica (la kundalini, el ascenso por el
canal espinal), presente en otros lugares del corpus —«El árbol
de Navidad» compara el árbol con Yogananda «con la luz de su
frente / y la columna erguida», y «A Peter Gabriel» pide que toque
«la flauta mágica / en tu columna vertebral». El verbo oscilar
es la elección importante: convierte el alma en fenómeno
ondulatorio. Coherente con el «Seré onda y no partícula» de
«¿Quién quiere vivir para siempre?».
v. 9. «y guardan el metal de las campanas». Endecasílabo
perfecto, con acentos en 2ª, 6ª y 10ª: el llamado endecasílabo
heroico, el molde más canónico de la métrica española
desde Garcilaso. Aparece incrustado en el verso libre sin que el
autor lo señale, y es demasiado limpio para ser casual: el oído de
Viñas trabaja aunque su tipografía diga lo contrario.
El contenido es más difícil. La sintaxis está tensa hasta el
desorden: el sujeto de «guardan» no es «las almas» sino «el
metal de las campanas» en hipérbaton («y guardan […] las
vibraciones del cosmos [el metal de las campanas]»). Es decir: el
bronce de las campanas conserva la vibración cósmica. Cabe también
la lectura contraria —que las almas guarden el metal—, y la
ambigüedad no está resuelta. Aquí hay una imprecisión sintáctica
real; no es de las que enriquecen, es de las que confunden. Se anota
como defecto.
Lo que sí funciona es la imagen: la campana como memoria
física del sonido. Un objeto que retiene la vibración después
de que el golpe haya cesado. Es, exactamente, la definición de un
poema.
v. 10. «las vibraciones del cosmos». Octosílabo, el
metro popular español por excelencia. Cierra el movimiento con la
medida del romance.
Tercer movimiento: el poeta como condición (vv. 11-21)
Las
estrellas se acercaron como antorchas a los corazones lejanos y
grandes cataratas hablaron sobre lagos sosegados y dormidos. Si el
alma del poeta no vibra los poemas caerán estancados cada noche sin
estrellas. Cada noche es un verso cada metáfora será parida como un
bosque por la tierra de mayo. Cada aurora será un presagio cada
crepúsculo una esperanza.
vv. 11-12. «Las estrellas se
acercaron / como antorchas a los corazones lejanos». Octosílabo
seguido de verso de trece. La antorcha es el emblema recurrente del
autor: aparece en «Al libro (II)» —«Un libro es una antorcha
olímpica / que pasa de mano en mano / de conciencia a conciencia»—
y volverá en el verso 45 de este mismo poema. Aquí es luz portátil
y transmisible, frente a la luz astronómica que es inalcanzable.
Las estrellas, al acercarse, se hacen antorchas: es decir, la escala
cósmica se hace escala humana. Todo el poema pivota sobre esa
conversión.
v. 13. Versículo de más de veinte sílabas. «grandes
cataratas hablaron sobre lagos sosegados y dormidos». Aquí el poema
roza el manierismo: el doblete sinonímico «sosegados y dormidos»
es redundante y no añade nada que «sosegados» no dijera. Es el
tipo de relleno que la obra de Viñas produce cuando el impulso
enumerativo se le va de las manos. Anotado.
vv. 14-16. «Si el alma del poeta no vibra / los poemas
caerán estancados / cada noche sin estrellas». Llegamos al núcleo
argumentativo. La prótasis condicional introduce la tesis: la
calidad del poema no depende del mundo sino de la capacidad de
resonancia del sujeto. El poeta es un instrumento; si no entra en
vibración simpática con el cosmos —recuérdese la campana del
verso 9—, el poema no se produce.
«Caerán estancados» es un oxímoron eficaz: caer implica
movimiento, estancarse lo niega. Un poema fallido es algo que
se precipita sin llegar a ninguna parte.
vv. 17-19. «Cada noche es un verso / cada metáfora será
parida / como un bosque por la tierra de mayo». Este es el mejor
pasaje del poema y conviene mirarlo de cerca.
Métricamente: heptasílabo, seguido de dos endecasílabos
consecutivos. «cada metáfora será parida» tiene acentos en
4ª, 8ª y 10ª —endecasílabo sáfico—; «como un bosque por la
tierra de mayo» tiene once sílabas con acentos en 3ª, 7ª y 10ª.
Que un poeta que escribe en verso libre produzca dos endecasílabos
seguidos en el punto de máxima densidad del poema no es azar: es el
oído formado por la tradición imponiéndose en el momento en que la
emoción sube.
Semánticamente: la metáfora no se hace, se pare.
El poeta cede la agencia a la tierra. Y la comparación —«como un
bosque por la tierra de mayo»— es una imagen que Viñas repetirá
(«hoguera de versos caídos / como hojas de otoño en la agitada
tierra de mayo», en «¿Quién quiere vivir para siempre?»), señal
de que le importa. Mayo es el mes del brote y, en un poeta
republicano, el mes del trabajo. La creación poética queda alineada
con la fecundidad natural y con la producción: no es inspiración,
es parto y cosecha.
vv. 20-21. «Cada aurora será un presagio / cada
crepúsculo una esperanza». Eneasílabo y decasílabo. El
paralelismo es impecable y la inversión, deliberada: se espera que
la aurora traiga esperanza y el crepúsculo, presagio. Viñas cruza
los términos. El resultado es que el amanecer se carga de amenaza y
el anochecer de promesa —una inversión del código lírico
que en un poeta de la derrota histórica no es un capricho: quien ha
perdido aprende a desconfiar de los amaneceres.
La aurora es, por lo demás, la palabra fetiche de toda la
obra: aparece en «Colegio Madrid» («melodías de años
aurorales»), en «Pedagogía» («La Pedagogía es una aurora»), en
«El baile de los soñadores» («La integral de mis sueños fue una
alborada»), en «Juegos del 36» («Una aurora fue el 14 de abril de
1931»). Es el emblema de la Segunda República. Que aquí se le
adose «presagio» es, leído en clave, la memoria de cómo acabó
aquel amanecer.
Cuarto movimiento: la letanía (vv. 22-35)
Nada fue
sin el poeta, nada salvo la rosa de los filósofos o los pétalos
deshojados o los cuentos de las constelaciones o los mitos del
inconsciente de Jung o los seres primordiales de Lovecraft. Nada fue
salvo el poeta o el héroe cantado por Homero. Nada fue salvo
Heráclito y Parménides y quizás Pitágoras. Nada salvo Huidobro y
Neruda o las estrellas en el infinito o las curvas de Einstein.
Catorce versos organizados por una anáfora
de cuatro tiempos («Nada fue…») y una polisíndeton de siete «o».
Es el bloque más ambicioso y también el más discutible.
v. 22. «Nada fue sin el poeta». La afirmación máxima:
sin el poeta, el ser no ocurre. Es Huidobro llevado a su consecuencia
ontológica.
v. 23. «nada salvo la rosa de los filósofos». Aquí hay
una erudición real que conviene no pasar por alto. La rosa de los
filósofos remite al Rosarium philosophorum, tratado
alquímico del siglo XVI —y, decisivamente, el texto que Carl
Gustav Jung comentó en La psicología de la transferencia
(1946). Dos versos más abajo aparece Jung nombrado. La secuencia no
es una acumulación de referencias sueltas: la rosa alquímica y
el inconsciente junguiano son el mismo objeto, y el poeta lo
sabe. Este es el tipo de precisión que justifica tomarse esta obra
en serio.
v. 24. «o los pétalos deshojados». El descenso desde la
rosa hermética hasta el gesto adolescente de deshojar la margarita.
La caída de registro es brusca y probablemente involuntaria;
funciona, sin embargo, como recordatorio de que el poema se mueve
entre lo sublime y lo doméstico sin pedir permiso.
vv. 25-27. «los cuentos de las constelaciones / los mitos
del inconsciente de Jung / los seres primordiales de Lovecraft». La
tríada es coherente y está bien pensada: mitología clásica,
psicología profunda y horror cósmico como tres formas del mismo
saber prerracional. La inclusión de Lovecraft —los Primigenios de
los Mitos de Cthulhu— junto a Jung es un movimiento crítico
defendible: ambos postulan estratos de lo real anteriores e
indiferentes a la conciencia humana. Que un poeta español lo formule
en tres versos, sin explicarlo, es notable.
vv. 28-29. «Nada fue salvo el poeta / o el héroe cantado
por Homero». Se establece la ecuación fundacional: el héroe no
existe sin el aedo. Aquiles es porque Homero. Es la tesis clásica
de la fama y la única justificación posible del poema civil que
Viñas escribirá en «Over the hills» («lo que permanece lo
escriben los poetas»).
vv. 30-31. «Nada fue salvo Heráclito y Parménides / y
quizás Pitágoras». La pareja Heráclito-Parménides es la
oposición fundadora del pensamiento occidental: devenir frente a
ser. Que el poeta los nombre juntos, sin decidirse, es coherente con
una obra que sostiene simultáneamente el eterno retorno («la
Historia es un eterno retorno») y la permanencia de lo escrito. El
«quizás» ante Pitágoras es el mejor detalle del pasaje: una
vacilación en medio de una letanía. Rompe la solemnidad justo
cuando amenazaba con volverse pomposa, y devuelve al poema una voz
humana. Es un acierto de tono.
vv. 32-34. «Nada salvo Huidobro y Neruda / o las estrellas
en el infinito / o las curvas de Einstein». El cierre de la letanía
yuxtapone dos poetas hispanoamericanos y la relatividad general. «Las
curvas de Einstein» es una buena solución léxica: nombra la
curvatura del espacio-tiempo con una expresión que suena a línea de
dibujo, es decir, que la convierte en objeto estético. Es
exactamente lo que el poema viene diciendo que hace el poeta.
Objeción crítica. Este movimiento es también donde el
poema corre su mayor riesgo. La letanía de nombres propios —siete
en trece versos— puede leerse como catálogo de lecturas más que
como argumento. La defensa es que la lista está estructurada
(hermetismo → psicología → horror → épica → presocráticos
→ vanguardia → física) y que la progresión va de lo más
antiguo a lo más moderno atravesando disciplinas. Es un argumento,
no un inventario. Pero la frontera es fina y no todos los lectores
concederán el beneficio de la duda.
Quinto movimiento: la insuficiencia del lenguaje (vv. 36-45)
Las
palabras ya no sirven al poeta necesita otros lenguajes que no estén
atorados, nuevos presagios, nuevas estrellas, nuevos mitos, un sexto
sentido. El poeta necesita nuevos mundos en los que poder fingir,
cada poeta es un pequeño dios o un barco a la deriva con una sirena
danzando.
vv. 36-39. «Las palabras ya no
sirven al poeta / necesita otros lenguajes / que no estén atorados».
Atorado es un adjetivo excelente y poco previsible: no dice
«gastado» ni «desgastado» —los tópicos— sino obstruido,
atascado. La palabra no ha perdido fuerza: ha dejado de fluir. Es una
imagen hidráulica, y encaja con toda la corriente acuática del
poema (cataratas, lagos, carne líquida, «fluir con los ritmos de la
vida» en el verso final).
La anáfora de «nuevos» (presagios, estrellas, mitos) recoge
deliberadamente el léxico de los movimientos anteriores y lo pone en
circulación. El poema se recicla a sí mismo, y lo hace bien.
vv. 40-41. «El poeta necesita nuevos mundos / en los que
poder fingir». Este es el verso decisivo de la obra entera de
Viñas, y merece un párrafo aparte.
En dos versos, el poeta suelda las dos poéticas antagónicas de
la modernidad hispánica:
«nuevos
mundos» es Huidobro. El manifiesto creacionista Non serviam
y «Arte poética» (El espejo de agua, 1916): «Por qué
cantáis la rosa, ¡oh Poetas! / Hacedla florecer en el poema». El
poeta como inventor de realidades que no existían.
«fingir»
es Pessoa. «Autopsicografia»: O poeta é um fingidor. / Finge
tão completamente / que chega a fingir que é dor / a dor que
deveras sente. El poeta como simulador, como máscara.
Huidobro afirma que el poema crea. Pessoa
afirma que el poema miente. Viñas los pone en la misma frase y dice:
el poeta inventa mundos precisamente para poder mentir en ellos.
La invención no es un fin, es la construcción del escenario donde
la ficción se hace posible. Es una síntesis original, y no la he
encontrado formulada así en la tradición española.
Que el autor es consciente lo prueba el aforismo XXXV de
«Poéticas»: «El poeta finge sus pasiones […] ¿Por qué hablar
de lo que me pasa cada día / si puedo escribir sobre mil mundos
diferentes?». Y, dos líneas después, la declaración explícita:
«Pessoa fue la prostituta de la poesía». La expresión es brutal,
pero apunta a lo mismo: quien se entrega a todas las identidades a
cambio de poema.
v. 42. «cada poeta es un pequeño dios». Cita literal de
Huidobro —«El Poeta es un pequeño Dios», último verso de «Arte
poética»— con dos modificaciones significativas: el singular
definido pasa a distributivo («cada poeta»), democratizando
la afirmación, y las mayúsculas desaparecen, rebajándola. Viñas
es republicano también en esto: no hay un Poeta, hay poetas; no hay
Dios, hay dioses pequeños y en minúscula.
Métricamente el verso es un endecasílabo sáfico (acentos
en 4ª, 8ª y 10ª). Que la cita de Huidobro caiga exactamente en el
molde métrico más noble de la lengua es el mejor argumento contra
quien acuse a este autor de no tener oído.
vv. 43-44. «o un barco a la deriva / con una sirena
danzando». La alternativa a la divinidad es el naufragio. Y la
sirena —canto que atrae hacia la muerte— es la contrapartida
exacta de la vibración fecunda del segundo movimiento. En dos versos
el poema admite que la misma capacidad de resonancia que hace al
poeta puede destruirlo.
Sexto movimiento: retorno a la historia y al cuerpo (vv. 45-50)
Volverá
el poeta a las trincheras o al exilio en lejanas tierras hermanas.
Las antorchas huelen a semillas doradas. El poeta se olvidó de los
números, las matrices y las ecuaciones. Se olvidó de arar la
tierra. Sin la palabra cotidiana el poeta puede fluir con los ritmos
de la vida o descalzarse ante el cosmos.
vv. 45-46. «Volverá el poeta a
las trincheras / o al exilio en lejanas tierras hermanas». Aquí el
poema aterriza en España. Tras cuarenta y cuatro versos de
cosmogonía, presocráticos y relatividad, la palabra «trinchera»
reintroduce de golpe 1936. El futuro «volverá» es el tiempo verbal
más cargado del poema: no dice volvió, dice que volverá.
La guerra y el destierro no son pasado sino condición recurrente del
oficio. «Tierras hermanas» remite al exilio americano —México,
la República bolivariana que el autor visita imaginariamente en «El
Orinoco».
Este giro es el que separa a Viñas de la vanguardia cósmica
pura. Huidobro se queda en Altazor cayendo por el espacio; Viñas
hace caer a su poeta en un campo de Argelès.
v. 47. «Las antorchas huelen a semillas doradas». Verso
extraño y, creo, el más hermoso del poema. Sinestesia doble: la
antorcha —objeto de fuego y de vista— se percibe por el olfato, y
lo que huele es a semilla, no a humo ni a resina. El fuego
huele a lo que va a germinar. Es una imagen que reconcilia
destrucción y siembra, y que en un poema que acaba de nombrar las
trincheras dice algo muy concreto sobre lo que el autor cree que dejó
la derrota.
vv. 48-50. «El poeta se olvidó de los números, / las
matrices y las ecuaciones. / Se olvidó de arar la tierra». Doble
renuncia simétrica: el cálculo y el arado, la ciencia y el
trabajo manual. Es una confesión de inutilidad social del poeta, y
el autor la repetirá en clave irónica en «El baile de los
soñadores»: «Las integrales nunca las resolví / y me dediqué a
escribir poemas». Nótese que el poema, que ha usado la ciencia como
cantera durante cincuenta versos, termina admitiendo que el poeta no
sabe ciencia. Usa su léxico, no su método. Es una honradez que
conviene reconocerle.
vv. 51-52. «Sin la palabra cotidiana el poeta puede fluir
con los ritmos de la vida / o descalzarse ante el cosmos».
El penúltimo verso es el más largo del poema (dieciséis o
diecisiete sílabas según se compute fluir). El último es un
octosílabo: «o descalzarse ante el cosmos». La curva es
perfecta y no puede ser accidental: tras la máxima dilatación, el
poema se cierra en la medida más breve y más española de todas, la
del romancero.
Y el gesto final es el acierto mayor. Después de átomos,
quásares, Einstein y Lovecraft, el poema termina en un acto
corporal, humilde y ritual: quitarse los zapatos. Descalzarse
ante el cosmos es lo que se hace ante un templo, ante la tierra
sagrada de Moisés, ante la casa ajena. El poeta, que en el verso 42
era un pequeño dios, termina descalzo. La trayectoria de la pieza va
de la divinidad a la reverencia, y ese descenso es lo que la salva de
la megalomanía que la amenazaba.
Valoración
«El poeta» es el poema más ambicioso de
Viñas y el que mejor define su proyecto. Sus virtudes: la soldadura
Huidobro-Pessoa de los versos 40-41, que es una aportación
conceptual real; la arquitectura métrica secreta —endecasílabos y
octosílabos incrustados en el versículo, con una curva de
dilatación y contracción bien calculada—; la coherencia del
sistema de imágenes (vibración, campana, antorcha, agua) y el
cierre en el cuerpo descalzo.
Sus límites: la sintaxis del verso 9 no está resuelta; el
doblete «sosegados y dormidos» sobra; y la letanía del cuarto
movimiento se sostiene por poco margen sobre la línea que separa el
argumento del catálogo.
Es un poema que resiste. Y es, con «Versos del olvido», el que
mejor explica por qué merece la pena leer al resto.
2. «OVER THE HILLS»
El suave eco de la poesía,
Ediciones Verso Libre, Algeciras, 2013, pp. 31-32
Ficha
Sesenta y ocho versos libres distribuidos
en ocho bloques estróficos desiguales. Cierra el libro. Es el poema
más extenso del volumen y el de mayor ambición estructural. Título
en inglés sobre asunto español —una disonancia deliberada sobre
la que conviene detenerse.
Situación
El poema narra la Retirada: el
éxodo de febrero de 1939, cuando cerca de medio millón de personas
cruzaron los Pirineos hacia Francia tras la caída de Cataluña. Es
el gran asunto no resuelto de la memoria española y ha sido tratado
por Machado —que murió en Collioure en aquel éxodo—, por
Alberti, por Max Aub, por Jorge Semprún.
Viñas lo aborda con dos decisiones que lo separan de sus
predecesores. La primera: no escribe desde dentro de la columna
sino desde una altura, mirándola cruzar unas colinas. La
segunda: titula en inglés. Sobre esto último hay que decir
algo, porque no es un adorno.
«Over the hills» es, con toda probabilidad, una alusión a la
canción de Gary Moore Over the Hills and Far Away (sencillo
de diciembre de 1986, incluido al año siguiente en Wild Frontier)
—cuyo asunto es un hombre condenado injustamente que ve pasar los
años tras las rejas—, y detrás de ella al viejo aire tradicional
inglés del mismo nombre, canción de reclutamiento y de marcha. El
autor viene del ciclo del rock: la referencia es plausible y
coherente con toda su práctica. Su función aquí es la de un
extrañamiento: obliga a mirar el éxodo español con una
lente prestada, como quien lo ve desde fuera y desde otra lengua. Es
exactamente la posición del exiliado.
Comentario
verso a verso
Primer bloque: el paisaje y la columna (vv. 1-11)
El cielo
blindado de nubes oscuras es hermoso el paisaje sobre los páramos
verdes el tordo canta triste tras la neblina allá van los verdaderos
patriotas en cadena atravesando las colinas como un duro éxodo
español por los caminos de Antonio Machado -lo que permanece lo
escriben los poetas- con los rostros cansados hacia un futuro de
campos de concentración y de horribles guerras capitalistas y de
exterminio.
v. 1. «El cielo blindado de nubes
oscuras». Dodecasílabo con acentos en 2ª, 5ª, 8ª y 11ª: el
patrón anfibráquico del dodecasílabo de gaita gallega, uno
de los metros de marcha más antiguos de la lengua. El poema arranca,
literalmente, con paso de columna. Ningún otro verso del libro tiene
esta regularidad, y aparece justo aquí, donde el asunto es gente
caminando.
Blindado es la palabra que sostiene el verso. Un cielo
blindado es un cielo que no se puede atravesar: no hay salvación por
arriba, no hay providencia. Y es, además, un adjetivo militar
aplicado a la naturaleza: la guerra ha contaminado hasta el
vocabulario con que se mira una nube. En un poema donde aparecerán
«carros de asalto y autos blindados» en otras piezas del corpus, la
elección es consciente.
v. 2. «es hermoso el paisaje sobre los páramos verdes».
Quince sílabas. La irrupción de la belleza es brusca y no está
preparada. El poema afirma que el paisaje de la derrota es hermoso, y
lo hace en un verso torpe —el hipérbaton «es hermoso el paisaje»
suena a traducción—. Este es el primer indicio de un rasgo que
recorre la pieza: Viñas no suaviza la contradicción entre la
belleza del mundo y el horror que lo atraviesa. La deja en bruto.
v. 3. «el tordo canta triste tras la neblina». Segundo
dodecasílabo en tres versos, lo que confirma que la cadencia de
marcha del arranque no es casual. Aparece el primer pájaro. Habrá
cinco más antes del final —mirlo, petirrojo, urraca, ruiseñor—
y forman el sistema simbólico del poema, al que volveremos. El tordo
es un pájaro común, sin prestigio literario: el autor evita
deliberadamente el ruiseñor romántico en la apertura y lo reserva
para el cierre. La aliteración tordo-triste-tras refuerza la
nota.
v. 4. «allá van los verdaderos patriotas». Endecasílabo.
Aquí está la operación política central del poema, y se ejecuta
en una sola palabra: verdaderos. El adjetivo disputa la
propiedad del término «patriota» al bando que se autodenominó
«nacional». Viñas lo formulará explícitamente en «Derecho a
opinar»: «Los que se hacen llamar nacionales / son unos traidores a
la Patria. / La Patria es republicana». El deíctico «allá»
mantiene la distancia: el poeta señala, no acompaña.
v. 5. «en cadena atravesando las colinas». En cadena
es de una ambigüedad excelente: describe la fila india de la columna
y, simultáneamente, evoca a los encadenados. La misma palabra dice
«formación» y «cautiverio».
v. 6. «como un duro éxodo español». El primer término
bíblico. Éxodo impone sobre la Retirada la matriz del pueblo
elegido que huye —con una diferencia decisiva que el poema no dice
pero que el lector completa: aquel éxodo iba hacia la Tierra
Prometida; este va a Argelès. El verso se repetirá, abreviado, en
el bloque séptimo: la estructura del poema es circular.
v. 7. «por los caminos de Antonio Machado». Endecasílabo
(acentos en 4ª, 7ª y 10ª). Que el verso que nombra a Machado sea
el metro por excelencia de Machado no puede ser azar. Hay tres capas
superpuestas: los Caminos de Campos de Castilla; el
camino literal de la Retirada, que Machado hizo a pie en enero de
1939 y que lo mató; y el «caminante, no hay camino» de Proverbios
y cantares. En seis palabras, el poeta convierte una carretera de
montaña en un texto.
v. 8. «-lo que permanece lo escriben los poetas-». Trece
sílabas. El inciso entre guiones es la única intervención directa
del sujeto en todo el primer bloque, y es una declaración de
poética insertada en medio de la narración histórica. Enlaza
directamente con «El poeta»: «Nada fue salvo el poeta / o el héroe
cantado por Homero». La justificación del poema entero está en
este paréntesis: si nadie lo escribe, la Retirada no habrá
ocurrido.
Se le puede objetar que es una autojustificación demasiado cómoda
—el poeta que se concede a sí mismo la función de salvar del
olvido—. La defensa es que el poema entero está construido para
ganarse ese derecho, y que en «Versos del olvido» el mismo autor lo
desmentirá con crueldad.
vv. 9-11. «con los rostros cansados / hacia un futuro de
campos de concentración / y de horribles guerras capitalistas y de
exterminio».
La caída de tensión es notoria y hay que decirlo: el verso 11
es el peor del poema. «Horribles guerras capitalistas y de
exterminio» acumula un adjetivo valorativo redundante (horribles),
un adjetivo ideológico (capitalistas) y un sintagma genérico
(de exterminio) donde el poema venía funcionando por
concreción. Es el modo discursivo del panfleto invadiendo el poema.
El verso 10 —«hacia un futuro de campos de concentración»— era
suficiente y devastador por sí solo, porque nombra un hecho
verificable: los campos franceses de Argelès-sur-Mer y
Saint-Cyprien, donde los refugiados fueron internados en la arena y
sin barracones.
Segundo bloque: el catálogo de los muertos que quedan atrás (vv.
12-17)
Dejan
atrás a los caídos en las cunetas y a los que yacen en las fosas
comunes, a los asesinados en las carreteras por la Legión Cóndor o
los cazas Fiat o Savoia o a los que yacen en la plaza de toros de
Badajoz con las orejas cortadas.
El poema se recupera de inmediato, y lo
hace por el procedimiento contrario al del verso 11: el dato
preciso.
vv. 12-13. «cunetas» y «fosas comunes» son las dos
palabras que el movimiento español de memoria histórica ha
convertido en emblema desde los años noventa. Viñas las usa sin
explicarlas porque no hace falta.
v. 14-15. «los asesinados en las carreteras / por la
Legión Cóndor o los cazas Fiat o Savoia». Referencia a los
ametrallamientos de columnas de civiles en huida —el más célebre,
la carretera Málaga-Almería en febrero de 1937, con miles de
muertos—. La Legión Cóndor era la unidad alemana; los Fiat CR.32
y los Savoia-Marchetti, los aparatos italianos de la Aviazione
Legionaria. (Precisión: los Savoia eran bombarderos, no cazas;
véase el apéndice.)
Lo importante es el efecto retórico: el poeta nombra las
marcas de los aviones. No dice «la aviación fascista»; dice
Fiat, dice Savoia. Es la misma operación que ejecuta en «Eurocopa»
y «República Federal Ibérica», donde los coches alemanes e
italianos aparecen obsesivamente. Viñas ha construido a lo largo de
su obra una equivalencia sostenida entre la industria
automovilística europea y la maquinaria bélica del siglo XX:
los mismos países que fabricaron los aviones que ametrallaron
carreteras españolas fabrican hoy los coches que los españoles
compran. Aquí, en 1939, está el origen de esa serie. Es una idea
propia y bien trabada.
vv. 16-17. «los que yacen en la plaza de toros de Badajoz
/ con las orejas cortadas». La matanza de Badajoz, agosto de 1936:
los prisioneros conducidos a la plaza de toros y fusilados. El
detalle de las orejas cortadas procede de la prensa extranjera de
aquellos días —del corresponsal del Daily Express, que
recogió el ofrecimiento de orejas como «recuerdo» por parte de
legionarios; conviene precisar que no aparece ni en la célebre
crónica de Jay Allen para el Chicago Daily Tribune ni en las
de Mário Neves para el Diário de Lisboa— y es de una
eficacia atroz porque superpone dos códigos: la oreja es el
trofeo que se concede al torero. La víctima queda convertida en res,
y el verdugo, en aficionado premiado. En dos versos, sin adjetivos,
el poema dice lo que el verso 11 intentaba decir con tres adjetivos y
no conseguía.
Aquí se ve con claridad la diferencia entre el mejor y el peor
Viñas, en la misma página.
Tercer bloque: la letanía de los combatientes (vv. 18-30)
Allá van
los patriotas hacia el país vecino que les traicionó, los que
lucharon bajo la lluvia espesa contra el fascismo en las trincheras
llenas de lodo hasta el pecho defendiendo la bandera de la
democracia, los que atravesaron el río Ebro tejiendo puentes en la
espesa niebla o en la negrura como héroes o los que aguantaron los
obuses en las montañas del Levante como hombres.
Estructura de relativo enumerativo:
«los que lucharon… los que atravesaron… los que aguantaron». Es
el molde de la elegía funeral clásica y también el de la lista de
honor. Viñas lo maneja con solvencia.
vv. 18-19. «hacia el país vecino / que les traicionó».
Francia. El encabalgamiento entre «vecino» y «que les traicionó»
está bien puesto: el lector alcanza a formar la expectativa de
acogida antes de que el verso siguiente la destruya. (Nota
gramatical: «les traicionó» es leísmo de complemento directo; lo
correcto sería «los traicionó». Es un leísmo extendido y no
afecta al verso.)
vv. 20-24. «bajo la lluvia espesa… en las trincheras
llenas de lodo / hasta el pecho». La materialidad del barro es lo
que distingue a este bloque del panfleto. No se glorifica el combate:
se registra la incomodidad física. «Hasta el pecho», aislado en su
propio verso corto, funciona como un peso que hunde.
vv. 25-27. «los que atravesaron el río Ebro / tejiendo
puentes / en la espesa niebla o en la negrura». La batalla del Ebro
(julio-noviembre de 1938) fue la mayor de la guerra y comenzó con el
paso nocturno del río en barcas y con la construcción de pasarelas
que la aviación destruía cada día y los pontoneros rehacían cada
noche.
«Tejiendo puentes» es el mejor hallazgo verbal del poema.
Tejer introduce el campo semántico del telar —trabajo
paciente, femenino, doméstico, y con resonancia de Penélope: hacer
y deshacer cada noche—. Aplicado a los pontoneros del Ebro,
transforma la proeza militar en labor artesana y repetitiva. Es una
imagen que dice más sobre aquella batalla que cualquier adjetivo
heroico, y de hecho el poeta se permite a continuación el adjetivo
heroico («como héroes») precisamente porque se lo ha ganado.
vv. 29-30. «los que aguantaron los obuses / en las
montañas del Levante como hombres». La ofensiva de Levante,
primavera-verano de 1938, detenida en la línea XYZ. El cierre «como
hombres» es un giro de habla popular —aguantar como hombres—
que rebaja el tono épico justo a tiempo. Nótese el paralelismo:
«como héroes» / «como hombres». El poema hace descender la
escala en dos pasos.
Cuarto y quinto bloque: los dos versos aislados (vv. 31-32)
Caminan
los héroes derrotados hacia el olvido.
No caminan
como borregos, solo están cansados.
Cada uno constituye una estrofa entera.
Son dieciséis y quince sílabas respectivamente, y funcionan como
bisagra del poema.
v. 31. «Caminan los héroes derrotados hacia el olvido».
El sintagma «héroes derrotados» es un oxímoron solo aparente: es
la definición exacta del héroe trágico. Y «hacia el olvido»
conecta con el título del otro gran poema del libro, «Héroes en la
desmemoria».
v. 32. «No caminan como borregos, solo están cansados».
Este es el mejor verso de César Alfonso Viñas. Conviene
explicar por qué.
Primero, porque es una refutación. El verso no describe:
responde a alguien. Responde al tópico —muy español, muy repetido
en la propaganda del bando vencedor y luego en el desdén de la
posguerra— según el cual los republicanos huyeron en desbandada,
como rebaño. Borrego es la palabra exacta de ese desprecio, y
Viñas la trae al poema para desactivarla.
Segundo, porque la refutación es mínima. No opone a la
calumnia una épica, ni una consigna, ni un contraataque retórico.
Opone un hecho fisiológico: están cansados. Después de
treinta y un versos de Ebro, Badajoz, Legión Cóndor y trincheras
hasta el pecho, la explicación de por qué esa gente arrastra los
pies no es la cobardía: es que llevan tres años sin dormir. El
adverbio «solo» hace todo el trabajo, y es el tipo de palabra átona
sobre la que se sostiene un gran verso.
Tercero, porque rebaja al héroe sin quitarle nada. El
verso anterior los ha llamado héroes; este los devuelve a la
condición de cuerpos exhaustos. Y el efecto de conjunto es que el
heroísmo aumenta, no disminuye.
Hay aquí un antecedente ilustre que conviene nombrar aunque no
sepamos si el autor lo tenía presente: los versos de Wilfred Owen
sobre los soldados que caminan «cojos, ciegos, borrachos de fatiga»
(Dulce et Decorum Est). La estirpe es esa: la poesía de
guerra que combate la mentira patriótica con el detalle físico.
Es un verso que no necesita el resto del poema. Y por él solo
merece la pena esta pieza.
Sexto bloque: la esperanza y Machado (vv. 33-48)
El arroyo
no puede escalar la montaña, pero las briznas de hierba y las flores
si vuelven a crecer en los valles tras el duro invierno y hoy otra
España alborea como dijo el poeta, la del cincel y la maza, pues a
mazazos hemos de construir la República en el corazón de los
hombres y las mujeres; la aurora está con nosotros, el rocío
purifica los campos de batalla, la cultura está con nosotros, la
Historia –no la de los best sellers- está con nosotros.
vv. 33-36. «El arroyo no puede
escalar la montaña, / pero las briznas de hierba y las flores / si
vuelven a crecer». La estructura es de sentencia popular: se afirma
un imposible físico (el agua no sube) para contraponerle un posible
biológico (la hierba rebrota). Es la lógica de la derrota que se
niega a ser final: no habrá restitución, pero habrá continuidad.
La imagen es tópica —la hierba que vuelve tras el invierno— y el
poeta lo sabe; su acierto es haberla precedido del arroyo, que la
salva de la blandura.
(El «si» del v. 35 debe leerse «sí» adverbial afirmativo;
falta la tilde en la edición.)
vv. 37-39. «y hoy otra España alborea / como dijo el
poeta, / la del cincel y la maza».
Cita de Machado, y de las más difíciles de su obra. El pasaje
procede de «El mañana efímero» (Campos de Castilla,
1912), donde tras retratar la España «de charanga y pandereta» el
poeta anuncia:
Mas
otra España nace, la España del cincel y de la maza, con
esa eterna juventud que se hace del pasado macizo de la raza.
Viñas modifica el verbo —«nace» pasa
a «alborea»— y con ello lo integra en su propio sistema
simbólico: la aurora republicana. Y la modificación no es gratuita,
porque el adverbio «hoy» desplaza la profecía de Machado
desde 1912 hasta el presente del que escribe. La España del cincel y
la maza sigue estando por nacer cien años después. Es una lectura
melancólica de Machado, y es la correcta.
vv. 40-42. «pues a mazazos hemos de construir / la
República en el corazón / de los hombres y las mujeres». Aquí el
poeta hace algo con la cita que Machado no había hecho: literaliza
la herramienta. El «cincel y maza» machadianos eran metáfora
de un trabajo constructivo; Viñas los convierte en «mazazos», es
decir, en golpes. Y el objeto del golpe es «el corazón». La
República no se instaura por decreto sino a martillazos en la
conciencia. Es una imagen violenta y honesta: reconoce que la
convicción no se contagia, se labra.
vv. 43-47. «la aurora está con nosotros, / el rocío
purifica los campos de batalla, / la cultura está con nosotros, / la
Historia […] está con nosotros». Anáfora triple con inserción
de un verso intercalado. La fórmula «está con nosotros» es de
sermón y de mitin a la vez —«Dios está con nosotros», Gott
mit uns, precisamente la divisa que llevaban grabada en el
cinturón los soldados alemanes—. Que un poeta agnóstico y
antifascista se apropie de esa fórmula y ponga en el lugar de Dios
la aurora, la cultura y la Historia es una operación
deliberada y bien calculada. Es la trinidad laica de la Institución
Libre de Enseñanza.
El inciso «–no la de los best sellers–» es un descenso
brusco al presente editorial. Rompe el registro y, francamente,
sobra: introduce una polémica menor (contra la novela histórica
comercial, contra El Capitán Alatriste, al que ataca en otro
poema) en el punto de máxima elevación del texto. Es un tic
recurrente del autor: la incapacidad de resistirse al apunte
polémico.
Séptimo bloque: las campanas (vv. 49-53)
Las
campanas sonaron por los que murieron como animales en el matadero.
Las campanas sonaron como atardeceres sin amor.
Cinco versos, dos de ellos idénticos. Es
el pasaje más puramente lírico del poema.
vv. 49-51. «Las campanas sonaron / por los que murieron
como animales / en el matadero». La campana vuelve —ya estaba en
«El poeta», guardando «las vibraciones del cosmos»—, ahora como
campana de difuntos. Y detrás hay dos textos que un poeta de la
Guerra Civil no puede ignorar: el For Whom the Bell Tolls de
Donne que Hemingway puso sobre la novela de Guadarrama, y el arranque
de Wilfred Owen en Anthem for Doomed Youth: «What
passing-bells for these who die as cattle?» —«¿qué campanas
por estos que mueren como reses?»—. La coincidencia de las
campanas y el ganado es demasiado exacta para ser casual, y si lo
fuera, seguiría siendo una convergencia significativa: dos poetas
llegando al mismo lugar desde dos guerras distintas.
Nótese además que Viñas invierte el signo de Owen. Owen
pregunta si habrá campanas y responde que no —solo el traqueteo de
los fusiles—. Viñas afirma que las campanas sonaron. Y la
diferencia es española: en España sí sonaron las campanas, pero
sonaron por los vencedores. La campana de la iglesia, en la
posguerra, estuvo del lado del matadero.
vv. 52-53. «Las campanas sonaron / como atardeceres sin
amor». Aquí el poema se desprende de todo referente histórico y
produce la imagen más libre de la pieza. Una campana que
suena como un atardecer sin amor: sinestesia (sonido comparado
con luz) más una carga afectiva que no tiene nada que ver con la
guerra y todo que ver con el desamparo privado. Es un verso que
Cernuda podría haber firmado. Y su función estructural es exacta:
después de sesenta versos de historia colectiva, el poema deja pasar
cinco segundos de tristeza que no es de nadie.
Octavo bloque: el retorno y los pájaros (vv. 54-68)
Atraviesan
las colinas los héroes de la desmemoria y el pueblo hambriento como
un duro éxodo.
Pero la
Historia es un eterno retorno y de placer y de dolor veremos la
huella; en primavera un mirlo o un petirrojo anidará junto a nuestra
bandera.
También
habrá una urraca y otras muchas bestias pero la voz de los niños
será como la de un ruiseñor o el rugido púrpura de un león cuando
fuese necesario.
vv. 54-56. El poema vuelve a su
primera imagen —las colinas, el éxodo— cerrando el círculo.
«Héroes de la desmemoria» es una construcción cargada: no son
héroes olvidados, son héroes de la desmemoria, como
si la desmemoria fuera el país al que pertenecen. Es la formulación
más precisa que el autor ha dado a su tema central.
v. 57. «Pero la Historia es un eterno retorno».
Nietzsche, expresamente. Y en un poema republicano el eterno retorno
es un arma de doble filo: si la Historia vuelve, vuelve también el
fascismo. El poeta elige leerlo en clave esperanzada, pero el texto
no cierra la otra lectura.
vv. 58-59. «y de placer y de dolor / veremos la huella».
Verso oscuro y sintácticamente forzado. Se entiende que la Historia
dejará marca de ambas cosas, pero la formulación es torpe. No todo
en este poema está a la altura del verso 32.
vv. 60-62. «en primavera / un mirlo o un petirrojo /
anidará junto a nuestra bandera».
Aquí se cierra el sistema ornitológico del poema, y es su
hallazgo estructural mayor. Recapitulemos: el poema abrió con un
tordo que «canta triste tras la neblina» y cierra con un mirlo o un
petirrojo que anidan. Del canto al nido: de la expresión del dolor a
la construcción de un hogar. Los tres son pájaros de la misma
familia o de talla parecida, comunes, sin prestigio: el poeta se ha
negado sistemáticamente a la fauna noble.
El mirlo es el emblema personal del autor: reaparece en
«Afrontando el aguacero» —«y canta libre el dulce mirlo / sobre
una rama dorada»— como signo de la resistencia que no se rinde. El
petirrojo aporta otra capa: es el pájaro nacional británico
y aparece también en «Hyde Park», durmiendo en el nido. Y el
petirrojo tiene el pecho rojo. Un pájaro rojo anidando junto a una
bandera tricolor no necesita glosa.
El verbo es decisivo: anidar, no posarse ni volar. El
pájaro no visita la bandera: hace casa en ella. Es la imagen de una
República que deja de ser consigna y se convierte en lugar
habitable. Y responde exactamente al «Universo deshabitado» con que
arrancaba «El poeta».
vv. 63-64. «También habrá una urraca / y otras muchas
bestias». La honradez del poema. La urraca es ladrona y carroñera
en el imaginario popular; admitir que también estará ella es
admitir que la sociedad futura no será pura. Un poeta menos honesto
habría terminado en el petirrojo.
vv. 65-68. «pero la voz de los niños / será como la de
un ruiseñor / o el rugido púrpura de un león / cuando fuese
necesario».
El final. Ahora sí aparece el ruiseñor, el pájaro
canónico de la lírica occidental, y aparece reservado para lo único
que el poema considera digno de él: la voz de los niños. En un
poeta que es maestro de Primaria, esto no es retórica. Toda la serie
«Pedagogía» está construida sobre la misma convicción.
Y el verso 67 es el segundo gran hallazgo de la pieza: «el
rugido púrpura de un león».
Tres cosas ocurren a la vez. Primera, la sinestesia: un rugido no
tiene color. Segunda, la elección del color: púrpura es la
tercera franja de la bandera republicana —el poema acaba de
mencionar «nuestra bandera» cinco versos antes—, de modo que el
rugido está políticamente teñido. Tercera, el león: es el animal
del escudo de España y, a la vez, el que acompaña a Hércules en el
escudo de Andalucía. El poeta reclama para su bando el emblema del
país entero.
Que la voz infantil pueda ser ruiseñor o león según haga
falta es la síntesis de toda su pedagogía: educar en la dulzura y
en la capacidad de defenderse.
El cierre —«cuando fuese necesario»— contiene una anomalía
gramatical. La correlación exigiría «cuando fuera necesario» o,
mejor, «cuando sea necesario», puesto que la principal está en
futuro. El imperfecto de subjuntivo produce un desajuste temporal que
suspende la frase en un tiempo indeterminado, ni pasado ni futuro. Es
probablemente un descuido; funciona, sin embargo, como un desenfoque
final que deja el poema abierto. Lo señalo como lo que es —una
incorrección con efecto—, no como un acierto premeditado.
Valoración
«Over the hills» es el poema civil más
logrado de Viñas y contiene su mejor verso. Sus aciertos son de tres
órdenes:
Estructural. El sistema de pájaros —tordo, mirlo,
petirrojo, urraca, ruiseñor— organiza sesenta y ocho versos sin
que el lector lo advierta hasta el final. La circularidad
(colinas-éxodo al principio y al final) está bien ejecutada.
Retórico. El poema alterna con acierto tres registros:
enumeración documental (Badajoz, el Ebro, Levante), sentencia
aforística (v. 32) y lirismo puro (las campanas). Y sabe dónde
poner cada uno.
Ideológico. Disputa el vocabulario del adversario
—«patriota», «Historia», «está con nosotros»— en vez de
rechazarlo. Es una estrategia más inteligente y más difícil que la
denuncia frontal.
Sus fallos son igualmente identificables: el verso 11 es
panfletario; el inciso de los best sellers rompe el tono en el
peor momento; los versos 58-59 son sintácticamente confusos. Con
tres tachaduras, este poema mejoraría notablemente. Es, dicho sea de
paso, el mejor argumento a favor de una antología severa de esta
obra.
3.
«CABALGA SOBRE EL VIENTO SALVAJE»
Cabalga el viento salvaje, sección
de César Alfonso Viñas en volumen compartido con Juan Emilio Ríos
Vera; recogido en Poemas reunidos
Dedicatoria: A Freddie Mercury
Epígrafe: «Freddie era una persona que podía tener a toda
una audiencia en la palma de su mano, por muy grande que fuera»
— Kirk Hammett, Metallica
Ficha
Treinta y dos versos libres en un bloque
único, sin división estrófica. Es el poema que da título a la
sección. Métricamente, el más contenido de los cinco: la amplitud
va del tetrasílabo al alejandrino, sin los versículos desmandados
de otras piezas. Sin rima, pero con un sistema de repetición léxica
(voz, viento salvaje, oscuridad, susurro)
que hace de armazón.
Situación
Este es el poema donde la aportación más
personal de Viñas se realiza plenamente. Su decisión —tratar la
música popular del siglo XX con el aparato retórico completo de la
tradición culta— produce aquí no un homenaje sino una elegía
funeral en regla, con sus partes canónicas: la evocación del
muerto, el elogio de su don, el motivo de la pervivencia frente a la
disolución, la pregunta retórica sin respuesta y el consuelo final.
Que el difunto sea Farrokh Bulsara, muerto de sida en Kensington
en noviembre de 1991, no cambia la estructura. Y ahí está la
apuesta: si el molde funciona, el asunto queda canonizado.
Hay que decir además que el poema evita, casi por completo, los
dos peligros del género. No hay hagiografía —Mercury no es
descrito como persona, ni se menciona su enfermedad, ni su vida— y
no hay nostalgia de fan. Lo único que le interesa al poema es la
voz: su materia física, su comportamiento en el aire, su
supervivencia. La palabra voz aparece nueve veces en treinta y
dos versos.
Una
advertencia sobre el sustrato
El poema está tejido con títulos de
canciones de Queen convertidos en imágenes. El lector que no los
reconozca leerá un poema coherente; el que los reconozca leerá
además una segunda capa. Los principales:
«Ride the
Wild Wind» (Innuendo, 1991), composición de Roger
Taylor, da el título de la sección, el del poema y el estribillo
interno cabalgar sobre el viento salvaje.
«Killer
Queen» (Sheer Heart Attack, 1974) está detrás de «la
reina asesina».
«Dragon
Attack» (The Game, 1980) está detrás del «ataque
certero del dragón».
Es importante entender la operación:
Viñas no cita los títulos, los traduce y los naturaliza
como imágenes españolas. «Killer Queen» deja de ser un título
y se convierte en una reina que duerme y de cuya boca salen hilos de
neuronas. Es exactamente lo que hacía la poesía culta con la
mitología: tomar un nombre propio del repertorio compartido y
convertirlo en imagen.
Comentario
verso a verso
Primer movimiento: la voz que resiste (vv. 1-5)
Se hace tu
voz pálida sonora sobre el viento salvaje de otoño. Tu voz de hueso
-un relámpago en la oscuridad- no se disolvió en las neuronas del
tiempo.
vv. 1-2. «Se hace tu voz pálida /
sonora sobre el viento salvaje de otoño». Hexasílabo —siete
sílabas gramaticales que computan seis por ser esdrújulo el final—
y verso de trece.
El encabalgamiento está en el sitio exacto. Al cortar tras
«pálida», el primer verso ofrece una voz pálida —adjetivo
de moribundo, de cadáver— y el segundo la rescata: pálida y
sonora. En dos renglones el poema plantea su tesis: la voz ha
perdido el color del cuerpo pero no ha perdido la potencia. Obsérvese
además el verbo: se hace, el mismo con que arrancaba «El
poeta» («El sonido primigenio se hizo fuego»). La transformación,
no la creación. Y otra vez el punto de partida es un sonido.
Otoño fija la estación: Mercury murió el 24 de
noviembre.
v. 3. «Tu voz de hueso». Cuatro sílabas. El hallazgo
central del poema.
Una voz de hueso es, en primer lugar, una imposibilidad física:
la voz se produce en tejido blando. Pero la expresión funciona en
tres registros a la vez.
Primero, el anatómico: la voz de Mercury estuvo siempre
asociada a su estructura ósea —los cuatro incisivos
supernumerarios, la sobremordida, la cavidad bucal anómala que él
mismo consideraba responsable de su registro—. El poeta lo sabe o
lo intuye, y en dos palabras dice lo que un musicólogo diría en un
párrafo.
Segundo, el funerario: el hueso es lo que queda cuando la
carne desaparece. Una voz de hueso es una voz reducida a su
esqueleto, a lo incorruptible. Es la definición misma de lo que
queda de un cantante muerto.
Tercero, el material: el hueso es duro, blanco, resonante.
Los primeros instrumentos musicales de la humanidad fueron flautas de
hueso. La voz queda equiparada a un instrumento arcaico.
Cuatro sílabas. No conozco en la obra de Viñas una densidad
mayor.
v. 4. «-un relámpago en la oscuridad-». Decasílabo,
entre guiones. El inciso funciona como un flash: interrumpe la
sintaxis igual que un relámpago interrumpe la noche. La forma imita
el contenido. Y prepara todo el sistema lumínico que gobernará la
segunda mitad del poema —descarga eléctrica, luz rota,
luciérnagas, destellos.
v. 5. «no se disolvió en las neuronas del tiempo». Doce
sílabas.
Aquí entra por primera vez el léxico neurológico, que es marca
de la casa. «Las neuronas del tiempo» es una construcción difícil
de defender del todo —el tiempo no tiene neuronas— pero funciona
si se lee como lo que es: el tiempo entendido como una memoria
colectiva, un cerebro compartido en el que las cosas se archivan o se
borran. Que la voz «no se disolviera» ahí significa que
sobrevivió al olvido. Y disolverse pertenece al campo
químico: el poema mide la pervivencia en términos de solubilidad.
Segundo movimiento: el ataque (vv. 6-7)
Cabalga tu
voz de fuego sobre alas salvajes del ataque certero del dragón.
v. 6. Catorce sílabas. La voz pasa
de «pálida» y «de hueso» a «de fuego»: la escala
térmica sube. Y el verbo cabalgar introduce el motivo que se
repetirá tres veces más. Nótese que la voz cabalga «sobre alas»,
no sobre lomos: la montura es aérea. Es una imagen imposible —jinete
sobre alas— pero coherente con un poema cuyo asunto es una
vibración en el aire.
v. 7. «del ataque certero del dragón». Endecasílabo.
Otra vez el metro noble apareciendo en el punto de tensión.
Aquí está «Dragon Attack» convertida en imagen. Y el adjetivo
certero es una aportación del poeta: no hay nada de eso en el
título original. Lo que hace es transformar el dragón —criatura
de fuerza bruta— en algo que apunta y acierta. La voz de Mercury
como puntería, no como potencia. Es una lectura crítica y precisa
de un intérprete cuya cualidad más citada es la afinación bajo
esfuerzo.
Tercer movimiento: la reina dormida (vv. 8-17)
Duerme la
reina asesina y los hilos de neuronas salen de su boca entretejidas
hacia las estrellas y la oscuridad imprime una descarga eléctrica el
susurro potente de tu voz sobre los oídos dormidos cabalgando sobre
el viento salvaje de la eternidad.
v. 8. «Duerme la reina asesina».
Octosílabo, con el verbo en cabeza. La inversión sintáctica
—«Duerme la reina», no «la reina duerme»— es de romance
viejo, y produce el efecto de una escena que se descubre al entrar.
«Killer Queen» era, en la canción de 1974, una cortesana de
lujo. Aquí es una figura yacente, y hay que decir que el poema hace
de ella una estatua funeraria: la reina dormida es el yacente de
un sepulcro medieval. Que sea a la vez Mercury —el rey de un grupo
llamado Queen, el intérprete de sexualidad ambigua que él mismo
tematizó— no está dicho pero está disponible. Es el momento en
que el poema roza el retrato del muerto sin llegar a hacerlo, y hace
bien.
vv. 9-11. «y los hilos de neuronas / salen de su boca /
entretejidas hacia las estrellas».
Imagen extraordinaria y de linaje antiguo. Lo que sale de la boca
del que duerme es, en el folclore europeo, el alma —a veces en
forma de ratón, a veces de mariposa, a veces de hilo—. Viñas
sustituye el alma por hilos de neuronas: es decir, por tejido
nervioso. Su materialismo es riguroso hasta en el momento más
visionario: lo que asciende a las estrellas no es un espíritu, es un
cordón de células.
Entretejidas añade la nota textil, que ya vimos en
«tejiendo puentes» de «Over the hills». Es un verbo que le
importa. Y el destino —«hacia las estrellas»— cierra el
circuito de toda su cosmología: en «La Línea» escribió que «los
átomos de su mano derecha proceden de las estrellas / de la galaxia
de Andrómeda». La materia vuelve a donde salió.
(Anomalía sintáctica: «los hilos» es masculino y
«entretejidas» concierta en femenino con «neuronas». Es una
discordancia; véase el apéndice.)
vv. 12-13. «y la oscuridad / imprime una descarga
eléctrica». Imprimir es el verbo justo y no el previsible.
No dice «produce» ni «lanza»: dice imprime, con lo que
introduce la idea de una huella que queda grabada. La oscuridad no
emite el relámpago: lo estampa. En un poema sobre lo que queda de
una voz, la metáfora de la impresión —del disco, del surco—
trabaja por debajo sin que el poeta tenga que nombrarla.
vv. 14-16. «el susurro potente de tu voz / sobre los oídos
dormidos». Oxímoron central del poema: susurro potente. Toda
la pieza se sostiene sobre la paradoja de una fuerza que actúa por
lo mínimo. Y los oídos «dormidos» son los nuestros: el público
que no escucha, la audiencia distraída. El poema se permite aquí
una crítica lateral y silenciosa a su propio tiempo.
vv. 16-17. «cabalgando sobre el viento salvaje / de la
eternidad». Primera aparición completa del estribillo, y su
desplazamiento semántico: el viento salvaje deja de ser
meteorológico —«de otoño», v. 2— y se hace metafísico —«de
la eternidad»—. El poema está avanzando por elevación del mismo
sintagma. Es un procedimiento de himno.
Cuarto
movimiento: la luz (vv. 18-27)
Tu voz no
es una luz rota y la habitación oscura es un bosque latente en la
noche con el sonido de miles de luciérnagas cabalgando sobre el
viento salvaje. Tu voz es una luz que susurra con destellos ocultos
en la habitación a quien sueña en la telaraña del tiempo con todas
las puertas del pasado abiertas a la vez.
v. 18. «Tu voz no es una luz
rota». Octosílabo. La definición por negación es el recurso
clásico de la elegía cuando se acerca a lo indecible. «Luz rota»
—una luz que se ha quebrado, que parpadea, que ya no ilumina— es
lo que el poeta niega. Y el verso 23 dará la formulación positiva:
«Tu voz es una luz que susurra». Diez sílabas frente a
ocho. El poema define primero lo que la voz no es, y solo después se
atreve con lo que es, dedicándole dos sílabas más. Es una
progresión bien calculada.
vv. 19-22. «y la habitación oscura / es un bosque latente
en la noche / con el sonido de miles / de luciérnagas cabalgando
sobre el viento salvaje».
El pasaje más hermoso del poema, y el que mejor explica de qué
habla realmente.
La escena es doméstica y reconocible: alguien escucha música a
oscuras en un cuarto. Y el poema convierte esa habitación en bosque.
Lo que la puebla no son notas ni recuerdos: luciérnagas, es
decir, seres vivos que emiten luz propia, intermitente y sin calor.
Cada destello es una nota. El bosque «latente» —del latín
latere, estar oculto— es un bosque que estaba ahí antes,
esperando.
Es una imagen sinestésica de tercer grado: el sonido de la voz
produce luz, la luz produce insectos, los insectos producen sonido
(«con el sonido de miles / de luciérnagas»). El circuito se cierra
sobre sí mismo. Y sobre él cabalga otra vez el viento salvaje, en
el verso más largo del poema.
Conviene decir que las luciérnagas son un motivo obsesivo del
autor —el árbol de Navidad es «un Universo / de luciérnagas
doradas», y en «Cantar marinero» hay «luciérnagas en la noche»—.
En su sistema, la luciérnaga es la luz mínima que no depende del
sol: luz de los pequeños, luz que se enciende cuando la grande
se ha apagado. En un poema sobre un muerto, es la elección precisa.
vv. 23-24. «Tu voz es una luz que susurra / con destellos
ocultos en la habitación». Decasílabo y verso de doce. La
formulación positiva. «Una luz que susurra» condensa la sinestesia
del pasaje en cuatro palabras.
vv. 25-27. «a quien sueña en la telaraña del tiempo /
con todas las puertas del pasado / abiertas a la vez».
El cierre del movimiento y su momento más ambicioso. La telaraña
del tiempo es imagen tópica; lo que no lo es en absoluto es lo
que sigue. «Todas las puertas del pasado abiertas a la vez»
describe con exactitud la experiencia de escuchar una grabación
de un muerto: la voz no viene de un momento del pasado, viene de
todos simultáneamente, porque la reproducción abole la sucesión.
Es una intuición sobre la naturaleza del registro sonoro —lo que
Barthes llamó, hablando de la fotografía, «esto ha sido»—
formulada en un lenguaje enteramente propio.
Y por debajo late la vieja imagen del tiempo como pasillo de
puertas cerradas, que la voz grabada revienta de golpe.
Quinto movimiento: la pregunta y el cierre (vv. 28-32)
¿Qué
flecha disparó tu garganta que atravesó el viento salvaje y murió
de frío? Entre los susurros nublados del bosque cabalgas sobre el
viento del exceso con tu voz compacta y directa.
vv. 28-29. «¿Qué flecha disparó
tu garganta / que atravesó el viento salvaje y murió de frío?»
Decasílabo seguido de un verso de catorce sílabas —medida de
alejandrino, aunque sin la cesura central que lo definiría como
tal—. Es la pregunta retórica obligatoria de la elegía, y
Viñas la resuelve con dos aciertos.
El primero: la garganta como arco. La voz sale disparada, tiene
trayectoria y tiene blanco. Es una imagen homérica —las flechas de
Apolo, dios del canto y de la peste a la vez— aplicada a un
cantante de rock, y esa es la síntesis que el poeta persigue en toda
esta sección.
El segundo, y mayor: «murió de frío». Es un final
absolutamente inesperado. Se espera que una flecha se clave, se
pierda o alcance; no que muera, y desde luego no que muera de frío.
La expresión traslada a la flecha una muerte humana, y una muerte
concreta: la del que se queda a la intemperie. Es el modo indirecto
—el único disponible— de decir cómo murió Mercury: no de un
impacto, sino de agotamiento y desamparo en el aire. Un final que el
poema no podía decir de frente y dice de lado, por vía de una
flecha.
Que el verso tenga catorce sílabas y no las siete más siete del
alejandrino canónico contribuye al efecto: la línea se alarga sin
apoyo interno, como algo que vuela más de lo que debería y se
enfría.
v. 30. «Entre los susurros nublados del bosque». El
bosque vuelve, ahora con niebla. Los susurros —cuarta aparición de
la raíz— se hacen colectivos: ya no es la voz de uno.
v. 31. «cabalgas sobre el viento del exceso».
Última mutación del estribillo, y la más significativa: el
viento deja de ser «salvaje» y pasa a ser «del exceso».
Detrás está, casi con seguridad, William Blake: «El camino del
exceso conduce al palacio de la sabiduría» (Proverbios del
Infierno, en El matrimonio del Cielo y el Infierno). El
autor cita a Blake explícitamente en otro lugar del corpus.
El desplazamiento es un juicio. Mercury no cabalgó un viento
salvaje: cabalgó su propio exceso. Y el poema, que ha evitado
durante treinta versos toda mención a la biografía, la introduce
aquí en dos palabras y sin condena. El exceso, en clave blakeana, es
camino de conocimiento, no de perdición.
v. 32. «con tu voz compacta y directa». Eneasílabo
final.
Y aquí está la decisión más valiente del poema. Después de
treinta y un versos de dragones, flechas, luciérnagas, estrellas y
eternidad, el último verso abandona toda metáfora. Los dos
adjetivos con que se cierra la elegía —compacta, directa—
son términos técnicos, casi de crítica musical, de los que
emplearía un ingeniero de sonido. No son bellos. No pretenden serlo.
Es un aterrizaje deliberado, y funciona por la misma razón que
funcionaba el «descalzarse ante el cosmos» de «El poeta»: después
de la elevación máxima, el poeta vuelve al suelo. Lo que queda de
un cantante, dice el verso, no es la mitología que le hemos
construido encima: es una voz que iba compacta y derecha al oído.
Todo lo demás lo hemos puesto nosotros.
Valoración
Es el poema más limpio de los cinco. No
tiene versos malos, no tiene panfleto, no tiene relleno enumerativo:
los tres defectos habituales del autor están ausentes. Su extensión
está justamente calculada, su sistema de imágenes
(voz-luz-viento-bosque) es coherente de principio a fin, y su
estribillo evoluciona en vez de repetirse.
Contiene, además, tres hallazgos de primer orden: «tu voz de
hueso» (v. 3), la habitación convertida en bosque de luciérnagas
(vv. 19-22) y la flecha que «murió de frío» (v. 29).
Su límite es de otra naturaleza y conviene no ocultarlo: el
poema depende, para su segunda capa de sentido, de un repertorio que
no todos los lectores comparten. Quien no reconozca «Killer
Queen» ni «Dragon Attack» leerá una elegía hermosa pero perderá
la mitad del trabajo. Esa es exactamente la apuesta que Viñas hace
en todo este ciclo, y es la misma que hicieron en su día los poetas
que escribían dando por supuestas las Metamorfosis. Si el
repertorio se sostiene —y el de Queen lleva medio siglo
sosteniéndose—, la apuesta es buena.
Es también, y esto importa, el poema que mejor defiende la tesis
de que el rock puede ser materia poética culta sin ironía y sin
condescendencia. En el panorama español, esa posición está poco
ocupada.
4. «HYDE PARK»
El suave eco de la poesía,
Ediciones Verso Libre, Algeciras, 2013, p. 20
Ficha
Veinticuatro versos breves en cuatro
estrofas (4 + 7 + 9 + 4). Es el poema más corto de los cinco y el
único que puede llamarse, sin reservas, lírica pura: no hay
tesis, no hay nombres de filósofos, no hay denuncia explícita. Su
metro oscila entre el trisílabo y el endecasílabo, con predominio
de los metros cortos —hexasílabo, heptasílabo, octosílabo— que
son los de la tradición popular española.
Es también el poema en que Viñas se acerca más a Lorca, y
conviene ver cómo lo hace sin imitarlo.
Situación
El poema describe un amanecer en el parque
londinense. Pero lo describe con luz andaluza. Esa es toda la
operación, y es suficiente.
La lectura obvia sería la del turista que echa de menos su
tierra. Sería una lectura equivocada, y el propio corpus la
desmiente: en «París», el mismo sujeto recorre la capital francesa
y concluye que «París le pareció descomunal y fría». Viñas no
es un poeta de la nostalgia del viajero. Lo que hace en «Hyde Park»
es otra cosa, más ambiciosa y más política de lo que parece:
superpone Andalucía sobre Londres. No dice que echa de menos
el sur; dice que el sur está allí, iluminando el parque.
Esto conecta con el rasgo estructural señalado en las
coordenadas: la superposición de planos incompatibles sobre un mismo
lugar. Aquí el procedimiento se aplica al espacio en lugar de al
tiempo, y produce el poema más sutil del libro.
Hay un dato que conviene tener presente: Hyde Park aparece dos
veces más en la obra. En «Amor de madre», Freddie Mercury recuerda
que su madre «desdeñó mi pelo largo en Hyde Park»; en «Es un
hermoso día», Brian May desgarra sonidos «en Hyde Park» —alusión
a los conciertos de Queen allí—. Y en «Madrid» el parque figura
en la lista de lo que a Madrid le falta. Hyde Park es, en el mapa
personal del autor, un lugar cargado.
Comentario
verso a verso
Primera estrofa: el despertar (vv. 1-4)
Despierta
el graznido del cuervo en Hyde Park encendido bajo la alborada
andaluza.
v. 1. «Despierta el graznido».
Hexasílabo. El verbo en cabeza, otra vez la construcción de
romance. Y una precisión importante: lo que despierta no es el
pájaro, es el graznido. El sujeto gramatical es el sonido, no el
ser. Es la misma decisión que en «El poeta» («El sonido
primigenio se hizo fuego») y en «Cabalga sobre el viento salvaje»
(«Se hace tu voz»). En este autor, el mundo empieza siempre por el
oído.
v. 2. «del cuervo». Trisílabo aislado. El corte deja
«graznido» sin dueño durante un renglón entero: el lector oye
antes de identificar. Es exactamente lo que ocurre al despertar.
El cuervo es una elección notable. Es el pájaro fúnebre por
antonomasia, y Hyde Park —junto con la Torre de Londres— es
territorio de córvidos en el imaginario inglés. Pero el poema no lo
va a explotar en clave siniestra: lo usa solo como despertador. La
renuncia es deliberada.
v. 3. «en Hyde Park encendido». Heptasílabo, si se
computa Hyde como monosílabo, que es como lo lee un hablante
español. Encendido es la palabra que abre el poema de verdad.
Un parque no se enciende: se ilumina, amanece, clarea. Encender
pertenece al fuego, y el fuego es aquí el sol andaluz que va a
invadir la escena. En un solo participio, el poeta ha cambiado la
temperatura de Inglaterra.
Nótese la rima interna: graznido / encendido, y en el
verso 5 nido. Tres finales en -ido en cinco versos. No hay
esquema regular, pero hay una insistencia sonora que cose la
apertura.
v. 4. «bajo la alborada andaluza». Eneasílabo. Y aquí
está la operación completa, ejecutada en cuatro palabras.
Alborada no es sinónimo neutro de amanecer: es un término
con historia literaria propia —la alborada gallego-portuguesa, la
canción de alba provenzal, la aubade— que designa el canto de los
amantes al separarse al alba. El poeta elige la palabra más cargada
de tradición lírica peninsular y le pone el adjetivo andaluza.
El resultado es que sobre Londres no amanece un día: amanece un
género literario español.
Y la preposición hace el resto. «Bajo la alborada» convierte la
luz en algo que cubre, en una bóveda o un manto. Andalucía no
ilumina Hyde Park desde lejos: se ha instalado encima.
Segunda estrofa: los animales y la mujer (vv. 5-11)
El
petirrojo duerme en el nido, lo besa un alba con dulces labios de
granada. La ardilla está acurrucada por la luz blanquecina entre los
brazos de una mujer morena de la Alhambra.
v. 5. «El petirrojo duerme en el
nido». Diez sílabas. El segundo pájaro, y elegido con el mismo
cuidado que los de «Over the hills»: el petirrojo es el ave
nacional británica. Viñas está construyendo un bestiario
inglés —cuervo, petirrojo, ardilla— para someterlo a una luz que
no es la suya.
Que duerma mientras el cuervo grazna establece además una
jerarquía de despertares: el pájaro fúnebre está en pie, el
pájaro doméstico todavía no. Y hay que anotar el color: el
petirrojo tiene el pecho rojo. Vuelve, como en «Over the hills», la
pequeña criatura roja alojada en un paisaje que no es de los suyos.
vv. 6-7. «lo besa un alba con dulces / labios de granada».
Octosílabo y hexasílabo.
El encabalgamiento entre «dulces» y «labios» es el mejor
efecto rítmico del poema: la ruptura obliga a una pausa antes de la
palabra corporal, y produce el retardo justo que el verso necesita.
«Labios de granada» es la imagen que decide la filiación
de la pieza. Funciona en dos planos simultáneos y ambos son
necesarios:
La fruta:
la granada abierta, roja, granulada, húmeda. Es la imagen de los
labios que Lorca manejó, y antes que él la poesía árabe
andalusí.
La ciudad:
Granada, con mayúscula ausente. Un alba con labios de Granada
besando a un petirrojo londinense es la superposición del poema en
su forma más condensada.
La ambigüedad es intencionada y el autor
la sostiene sin resolverla: al no poner mayúscula, mantiene los dos
sentidos abiertos. Es una decisión ortográfica que es una decisión
poética.
vv. 8-9. «La ardilla está acurrucada / por la luz
blanquecina». Octosílabo y heptasílabo. La ardilla gris es la
fauna más reconociblemente londinense del poema. Acurrucada
introduce la ternura sin sentimentalismo, y la construcción
«acurrucada por la luz» es agramatical en rigor —se
esperaría «bajo» o «entre»— pero el uso de por como
agente da a la luz un poder causal: la luz es lo que la acurruca. Es
una torpeza que resulta expresiva.
«Blanquecina» es el único adjetivo frío del poema. Ese es su
trabajo: recordar que, por debajo de la invasión andaluza, la luz de
origen sigue siendo inglesa.
vv. 10-11. «entre los brazos / de una mujer morena de la
Alhambra».
Pentasílabo y endecasílabo. Es el verso más largo del
poema y su único endecasílabo, y aparece justo donde se cierra la
estrofa y se consuma la fusión.
Aquí ocurre algo que conviene desmontar con cuidado, porque es un
rasgo característico del autor y no siempre le sale bien. La
sintaxis del pasaje está deliberadamente descoyuntada: la
ardilla está acurrucada «entre los brazos de una mujer morena de la
Alhambra». ¿Hay una mujer en Hyde Park? ¿Es la luz la que tiene
brazos? ¿Es una estatua? El poema no lo aclara y no debe aclararlo.
Lo que la sintaxis hace es materializar la superposición:
la mujer andaluza no está descrita en el parque, está
interpuesta en la frase, del mismo modo que Andalucía está
interpuesta en el paisaje. La incoherencia referencial es la figura.
Si el poema explicara, perdería.
La «mujer morena de la Alhambra» es, por lo demás, una figura
de resonancia doble: la mujer andalusí de la lírica
arábigo-granadina y, en clave contemporánea, la emigrante. Un
parque de Londres es, entre otras cosas, un lugar donde hay muchas
mujeres morenas que no nacieron allí.
Tercera estrofa: la irrupción histórica (vv. 12-20)
La sangre
sumergida de la antigua Tartessos y el agua de rosas del Renacimiento
de Al-Ándalus se derraman sobre los verdes prados y el sereno lago
Serpentine; y florecen amapolas con áureas copas rojas.
Es el centro del poema y donde se juega su
ambición.
vv. 12-13. «La sangre sumergida / de la antigua
Tartessos». Dos heptasílabos.
Sumergida es exacta en un sentido arqueológico que no todo
lector percibirá: Tartessos, la civilización protohistórica del
bajo Guadalquivir, ha sido buscada durante un siglo bajo las marismas
del Coto de Doñana, en un paisaje anegado. La sangre está sumergida
porque el yacimiento está bajo el agua. El poeta no explica
el dato; lo comprime en un adjetivo. Es la clase de precisión que su
formación antropológica le permite y que otros poemas suyos
malgastan en enumeración.
(Nota: el género de «Tartessos» vacila en español; el autor
lo hace femenino, uso admisible por analogía con «la ciudad».)
vv. 14-15. «y el agua de rosas / del Renacimiento de
Al-Ándalus». Hexasílabo y verso de nueve sílabas métricas.
«Renacimiento» aplicado a Andalucía es terminología del
andalucismo político y remite a Blas Infante, cuyo libro
fundacional se titula Ideal andaluz. Varios estudios acerca del
renacimiento andaluz (1915) —aunque allí «renacimiento»
designa el resurgir contemporáneo de Andalucía, y la extensión de
la palabra a Al-Ándalus como renacimiento anterior al italiano
corresponde ya al desarrollo posterior de esa tradición—. Viñas
la usa aquí y en varios lugares del corpus. Es, por tanto, una
expresión ideológicamente marcada: el verso está reivindicando una
tesis histórica, no adornando.
Y el «agua de rosas» —el destilado perfumado de la cosmética
y la repostería andalusíes— hace pareja de contrarios con la
«sangre» del verso 12. Sangre y agua de rosas: lo derramado
por violencia y lo derramado por lujo. Las dos herencias de Andalucía
en dos versos.
vv. 16-18. «se derraman sobre / los verdes prados / y el
sereno lago Serpentine».
El verbo es el eje: derramarse. No «llegan», no «se
extienden»: se derraman, como un líquido que rebosa y mancha.
Andalucía no ilumina el parque: lo inunda. Y los objetos sobre los
que cae son los tópicos absolutos del paisaje inglés —los verdes
prados, el lago Serpentine—, elegidos justamente por ser los
más reconocibles.
Nótese la delicadeza del gesto político: el sur derramándose
sobre el parque del centro imperial. En una obra donde el Peñón
se describe «bajo un sol imperial británico abrasador», la
inversión de la dirección del flujo —de la periferia hacia la
metrópoli, y no al revés— es significativa y está hecha sin una
sola palabra de denuncia.
vv. 19-20. «y florecen amapolas / con áureas copas
rojas». Dos octosílabos.
El resultado del derrame: amapolas. Y la amapola es, en el
contexto británico, el símbolo nacional del recuerdo de los caídos,
el poppy del Día del Armisticio. Que del derrame de sangre
tartésica y agua de rosas andalusí broten amapolas en un parque de
Londres cruza dos memorias de guerra —la española y la británica—
en una sola flor. No sé si el poeta lo calculó; el poema lo dice de
todos modos.
«Áureas copas rojas» es la única concesión al preciosismo del
texto. Áureas es cultismo, copas traslada a la flor el
vocabulario del cáliz litúrgico y de la copa de beber. Rojo y oro:
los colores de la otra bandera. Aquí el poema se permite un guiño
que no necesitaba, y es su verso más prescindible.
Cuarta estrofa: la conclusión (vv. 21-24)
No hay
lluvia fina, solo un anhelo de paz una luz nueva de la Bética sobre
los árboles de Hyde Park.
v. 21. «No hay lluvia fina».
Pentasílabo. El verso más corto de la estrofa y el más eficaz. La
lluvia fina es el tópico absoluto de Inglaterra —el
drizzle—, y el poema lo niega en cuatro palabras. La
negación es la forma más económica de decir que aquí las reglas
han cambiado.
Y hay un segundo eco, quizá involuntario y desde luego
productivo: la lluvia fina es también el clima del norte peninsular,
el «orvallo». Al negarla, el poema no solo destierra a Inglaterra:
destierra todo lo que no sea el sur.
v. 22. «solo un anhelo de paz». Octosílabo. El adverbio
solo funciona como el de «Over the hills» («solo están
cansados»): reduce, y al reducir aumenta. Después de la sangre
tartésica, los imperios y las amapolas de la guerra, lo único que
queda es un deseo. Y es la primera vez en el poema que aparece un
sentimiento nombrado: veintiún versos de imágenes y solo entonces
una palabra abstracta.
v. 23. «una luz nueva de la Bética». Nueve sílabas
métricas. Bética es la provincia romana, el tercer nombre de
Andalucía en el poema —tras Tartessos y Al-Ándalus—. La
secuencia es cronológica y exhaustiva: protohistoria, Roma,
islam. El poeta ha datado su tierra en tres estratos y los ha
vertido todos sobre el parque.
«Luz nueva» es la fórmula clave. No dice luz antigua,
aunque venga de tres civilizaciones muertas. Dice nueva: lo
que llega del sur no es arqueología, es amanecer. Es la misma
palabra que en «Colegio Madrid» pide para España —«una luz de
oro que inunda los verdes valles»— y la misma que asocia siempre a
la República.
v. 24. «sobre los árboles de Hyde Park». Diez sílabas.
El poema termina donde empezó, con el topónimo inglés, y termina
en la preposición de la superposición: sobre. La
estructura entera de la pieza cabe en esa palabra. Andalucía está
encima; Hyde Park, debajo.
Valoración
«Hyde Park» es el poema mejor construido
de César Alfonso Viñas, aunque no el más ambicioso.
Sus virtudes son de artesanía: el uso de metros cortos de
tradición popular en vez del versículo que domina el resto de su
obra; la contención —ningún nombre de filósofo, ningún término
técnico, ninguna consigna—; la progresión limpia de fauna a
historia y de historia a deseo; y una operación central (la
superposición de Andalucía sobre Londres) ejecutada sin declararla
ni una sola vez.
Sobre todo, demuestra algo importante sobre este autor: cuando
se prohíbe explicar, escribe mejor. Todo el contenido político
del poema —la inversión del flujo colonial, la reivindicación de
la triple herencia andaluza, la nostalgia del emigrante— está ahí
sin que se pronuncie una sola palabra de argumento. Comparado con
«Vengo de un país en desmemoria», que dice lo mismo a gritos y en
prosa, la diferencia de resultado es abismal.
Sus dos debilidades: la construcción «acurrucada por la luz» es
defectuosa (aunque expresiva) y «áureas copas rojas» es
preciosismo que el poema no pedía.
Si hubiera que elegir un solo poema de este autor para una
antología general de poesía española contemporánea, y el criterio
fuera la perfección de factura antes que la ambición, sería este.
5. «VERSOS DEL
OLVIDO»
Afrontando el aguacero; recogido en
Poemas reunidos
Epígrafe: «España que perdimos, no nos pierdas» —
Pedro Garfias
Ficha
Treinta y dos versos libres en un solo
bloque, de andadura prosística deliberada. Sin rima. Es un poema
sobre los propios poemas: la variante más peligrosa de la
metapoesía, porque puede caer en la falsa modestia o en la queja.
No cae en ninguna de las dos. Es, en mi opinión, el mejor
poema de César Alfonso Viñas y el que más justifica la lectura
de toda su obra.
Situación
La tradición de la recusatio —el
poeta que declara su insuficiencia— es tan antigua como Horacio. Lo
que hace singular a este poema es el término de comparación que
elige para describir su propio fracaso.
Un poeta menor diría: mis versos no valen nada. Viñas dice: mis
versos son republicanos derrotados. Y a partir de ahí desarrolla
la identificación con un rigor implacable, hasta el punto de meter
sus poemas físicamente en el barco del exilio de 1939.
La operación es de una audacia considerable, y también de un
riesgo evidente: comparar unos poemas mediocres con las víctimas de
una guerra puede resultar obsceno. Que no lo resulte —y no lo
resulta— se debe a que el poema es exactamente igual de duro
consigo mismo que con la historia. No se está apropiando de un
dolor ajeno para engrandecerse; está diciendo que a sus poemas les
espera la misma cuneta, y que se lo merecen tanto como los otros no
se lo merecían. La ironía sostiene la decencia del conjunto.
El epígrafe
«España que perdimos, no nos pierdas»
es el verso de Pedro Garfias que abre «Entre España y México»,
poema escrito a bordo del Sinaia durante la travesía de
mayo-junio de 1939 que llevó a más de mil quinientos exiliados
republicanos de Sète a Veracruz.
El epígrafe no es decorativo: es el plano del poema. En el
verso 22 el propio Garfias aparecerá como personaje, embarcado con
los poemas del autor. Elegir como divisa un verso escrito en la
cubierta del barco al que después vas a subir tus propios versos es
un trabajo de composición fino, del que esta obra no siempre da
muestras.
Nótese además el quiasmo de la súplica de Garfias: nosotros
perdimos España / que España no nos pierda a nosotros. La
palabra «perder» gira sobre sí misma. Todo el poema de Viñas gira
sobre el mismo eje: sus poemas se perderán, y él pide —sin
pedirlo— que no se pierdan del todo.
Comentario
verso a verso
Primer movimiento: las comparaciones del fracaso (vv. 1-10)
Mis poemas
son como un viejo vinilo aboyado donde la aguja salta cada dos por
tres o un CD con polvo donde la canción repite el mismo tono de
forma monótona. Son como el olmo seco de Antonio Machado a punto de
caer al Duero hendido por el rayo, como la niña ahogada en un pozo
de Poeta en Nueva York o como una lluvia de desaliento que no acaba.
vv. 1-2. «Mis poemas son como un
viejo vinilo aboyado / donde la aguja salta cada dos por tres».
El arranque establece el tono: coloquial, doméstico, sin
solemnidad. Y elige el soporte musical como primera imagen, lo
cual es coherente en un autor que ha dedicado un libro entero al
rock.
Un vinilo abollado —aboyado en la edición, por abollado;
véase el apéndice— con la aguja saltando produce un defecto muy
concreto: la repetición involuntaria y la interrupción. El poeta se
acusa de dos cosas a la vez: de repetirse y de no llegar al final.
Cualquiera que haya leído los Poemas reunidos reconocerá el
diagnóstico como exacto.
«Cada dos por tres» es locución de habla oral pura, y su
presencia en un poema es una declaración de registro.
vv. 3-4. «o un CD con polvo donde la canción / repite el
mismo tono de forma monótona». La segunda imagen sube de época y
baja de calidad: el disco compacto sucio produce el salto digital,
ese tartamudeo mecánico. Y «repite el mismo tono de forma monótona»
es —conscientemente— un verso mal escrito: repetir + mismo
+ monótona es una redundancia triple. El verso hace lo que
dice. Es un efecto arriesgado y creo que buscado; el resto del
poema lo confirma.
vv. 5-6. «Son como el olmo seco de Antonio Machado / a
punto de caer al Duero hendido por el rayo».
Primera comparación culta, y con el poeta tutelar de toda la
obra. «A un olmo seco» (Campos de Castilla, 1912) empieza:
Al olmo viejo, hendido por el rayo / y en su mitad podrido, y
termina pidiendo un milagro de primavera antes de que el río lo
arrastre.
Viñas cita casi literalmente —«hendido por el rayo» es
hemistiquio de Machado— y desplaza un elemento: en Machado el olmo
está junto al Duero; aquí está a punto de caer al Duero. Es
decir: Viñas acelera el final. El olmo machadiano todavía podía
recibir «otro milagro de la primavera»; el de Viñas ya se cae.
Y hay una precisión que conviene hacer: el olmo de Machado es un
poema sobre la esperanza in extremis, escrito mientras Leonor
agonizaba. Al apropiárselo para describir sus propios versos, el
autor se coloca en el linaje de la escritura hecha contra el
desahucio. Es una comparación grave, no una coquetería.
vv. 7-8. «como la niña ahogada en un pozo / de Poeta en
Nueva York».
«Niña ahogada en el pozo (Granada y Newburg)» es uno de los
poemas más oscuros de Lorca, construido sobre el estribillo …que
no desemboca. El agua estancada, sin salida.
La elección es coherentísima con las dos primeras imágenes: el
vinilo que salta, el CD que se traba, el agua que no desemboca.
Las tres dicen lo mismo: no llegar. El poeta ha construido
tres comparaciones de campos distintos —tecnología doméstica,
árbol castellano, agua lorquiana— sobre un único concepto. Esto
es composición de verdad.
vv. 9-10. «o como una lluvia de desaliento / que no
acaba». Cierre del movimiento con la imagen más sencilla y la más
deudora de Machado —la lluvia monótona de Soledades—.
«Que no acaba» retoma el «que no desemboca» lorquiano por otra
vía.
Segundo movimiento: el diagnóstico técnico (vv. 11-16)
Así son,
pensamiento y poca emoción, escaso ritmo y sin métrica, un camino
hacia ninguna parte. Son todo un ejercicio de lo que no debiera ser
un poema o una canción.
v. 11. «Así son». Dos palabras,
verso entero. Corte brusco tras las comparaciones. Ahora viene el
informe.
vv. 12-13. «pensamiento y poca emoción, / escaso ritmo y
sin métrica».
Y aquí ocurre la mejor ironía de toda la obra de César Alfonso
Viñas, y hay que contarla con calma.
Los dos versos están perfectamente medidos. «pensamiento y poca
emoción» es un eneasílabo: ocho sílabas con sinalefa en
to-y y en ca-e, más una por ser agudo el final. Y
«escaso ritmo y sin métrica» es un octosílabo: nueve
sílabas con sinalefa en mo-y, menos una por ser esdrújulo el
final.
Es decir: el verso que declara «escaso ritmo y sin métrica»
es un octosílabo impecable —el metro del romancero, el más
característico de toda la tradición popular castellana— y va
precedido de un eneasílabo igualmente regular. El poeta se acusa
de no tener métrica en dos versos medidos, y uno de ellos en el
molde más español que existe.
Caben dos lecturas y ninguna resta mérito. Si es deliberado, es
una ironía de altísimo nivel —la forma desmintiendo al contenido,
que es un recurso de Quevedo y de Borges—. Si es involuntario, es
la prueba más contundente que puede darse de que este poeta tiene
oído aunque no se lo reconozca a sí mismo: su formación
métrica trabaja por debajo de su conciencia y aflora precisamente
cuando la niega.
En cualquiera de los dos casos, es el pasaje que más me interesa
de todo el corpus. Y le diría al autor: no tiene usted razón. Los
versos 12 y 13 lo desmienten, y lo desmienten cantando.
En cuanto al contenido del diagnóstico, es exacto y valiente.
«Pensamiento y poca emoción» describe con precisión el defecto de
sus peores poemas —«Hollywood», «Vengo de un país en
desmemoria»—: el discurso ha desplazado al poema. Que el autor lo
sepa y lo escriba lo sitúa por encima de la inmensa mayoría de los
poetas que publican.
v. 14. «un camino hacia ninguna parte». Otra vez Machado
por debajo —el camino que se hace al andar—, ahora invertido:
aquí el camino no lleva a ningún sitio.
vv. 15-16. «Son todo un ejercicio de lo que no debiera ser
un poema / o una canción». El verso más largo del poema (dieciocho
sílabas) y el más prosaico. La expresión «todo un ejercicio de»
es de jerga escolar y probablemente eso pretende: el maestro
corrigiendo su propio cuaderno.
Y «o una canción» reintroduce la música, cerrando el círculo
con los versos 1-4. El autor no distingue entre poema y canción, y
en un poeta del rock esa indistinción es programática.
Tercer movimiento: la identificación (vv. 17-23)
Mis poemas
caerán en el olvido de las cunetas y serán sepultados en fosas
comunes. Ninguna Asociación de Memoria Histórica querrá
rescatarlos. Van cruzando el Atlántico a bordo del Sinaia junto a
Pedro Garfias y Sánchez Vázquez hacia el olvido más absoluto.
Este es el corazón del poema y su
invención más original.
vv. 17-18. «Mis poemas caerán en el olvido de las cunetas
/ y serán sepultados en fosas comunes».
La metáfora se hace literal de golpe. Los poemas dejan de
parecerse a algo y pasan a tener el destino de alguien:
el de los fusilados y arrojados a las cunetas de las carreteras
españolas entre 1936 y 1939 y durante la represión posterior.
Obsérvese la construcción «el olvido de las cunetas»: no dice
«el olvido, como las cunetas», ni «las cunetas del olvido». Dice
el olvido de las cunetas, es decir, el
olvido que las cunetas producen o contienen, como si el olvido fuera
una sustancia que se acumula en los bordes de las carreteras. Es una
genitivo denso y bien hallado.
vv. 19-20. «Ninguna Asociación de Memoria Histórica /
querrá rescatarlos».
Este es el mejor golpe del poema, y funciona por un
mecanismo de comedia negra.
Al introducir la Asociación —entidad real, burocrática, con
estatutos y subvenciones y voluntarios con palas— el poeta lleva la
metáfora hasta un punto en que revienta de literalidad. La imagen ya
no es lírica: es administrativa. Alguien tendría que solicitar la
exhumación de estos versos, y nadie lo va a hacer.
El humor es devastador precisamente porque no protege al autor. La
broma va contra sí mismo, íntegramente. Y hay una capa más: la
desmemoria, que en el resto de su obra es el enemigo político
absoluto, aquí se aplica a él. El poeta de la memoria histórica
se declara indigno de ser recordado. Es la única forma honesta
de escribir sobre el olvido.
vv. 21-22. «Van cruzando el Atlántico a bordo del Sinaia
/ junto a Pedro Garfias y Sánchez Vázquez».
La identificación culmina embarcando los poemas. El Sinaia
zarpó de Sète el 25 de mayo de 1939 y llegó a Veracruz el 13 de
junio con unos mil seiscientos refugiados. El poema de Garfias se
publicó el 12 de junio, en el último número del diario de a bordo.
A bordo iban, entre otros, el poeta Pedro Garfias —que
escribió durante la travesía el poema del epígrafe— y el joven
Adolfo Sánchez Vázquez, después uno de los filósofos
marxistas más importantes en lengua española.
Tres cosas hay que decir de este pasaje.
Primera: el presente continuo —«van cruzando»— frente
al futuro de los versos 17-18. Los poemas ya están cruzando; la
travesía no ha terminado; el exilio de estos versos es actual. Es el
tiempo verbal del que sigue en el mar.
Segunda: la compañía es magnífica y el poeta no la reclama. No
dice «mis poemas son como los de Garfias»; dice que viajan en el
mismo barco, en tercera clase, camino del mismo olvido. La distinción
es delicada y el autor la respeta.
Tercera, y decisiva: la elección de Sánchez Vázquez es un
acierto conceptual, no ornamental. Sánchez Vázquez fue,
además de filósofo, poeta en la España de los años treinta
—animado por Emilio Prados en Málaga, y con un libro, El pulso
ardiendo, publicado ya en México en 1942— y abandonó de hecho
la práctica poética tras el exilio. Es exactamente la figura del
poeta que la historia interrumpió. Su presencia en el verso 22
significa: esto es lo que le pasa a la poesía cuando pierde una
guerra.
v. 23. «hacia el olvido más absoluto». El destino. Y
adviértase que el poema ha invertido el sentido del viaje del
Sinaia: aquel barco iba, históricamente, hacia la salvación —México
acogió a los republicanos, Sánchez Vázquez hizo allí toda su
obra—. Aquí va hacia el olvido. La corrección es amarga y
calculada.
Cuarto movimiento: la cultura popular y la aceptación (vv. 24-32)
Son como
el antihéroe de la canción de M-Clan, ningún cantautor querrá
jamás ponerles música. Serrat, Paco Ibáñez Loquillo o Lucía
Socam jamás los incluirían en sus repertorios. Son como una
película de serie B de Ed Wood. Pero son mis hijos, los hijos de una
época, Y así los quiero, con sus imperfecciones y sus naufragios.
Porque la vida me sobrepasa.
vv. 24-25. «Son como el antihéroe
de la canción de M-Clan, / ningún cantautor querrá jamás ponerles
música».
Descenso brusco del registro tras el Sinaia, y es una decisión de
composición correcta: el poema no podía sostenerse en el tono del
exilio hasta el final sin volverse solemne.
Y el verso 25 introduce el segundo gran chiste: estos versos no
serán cantados. En la tradición española, la consagración de
un poeta pasa por que alguien lo cante —es lo que le ocurrió a
Machado con Serrat, a Lorca y Alberti con Paco Ibáñez, a Miguel
Hernández con Serrat y con Enrique Morente—.
v. 26. «Serrat, Paco Ibáñez Loquillo o Lucía Socam».
La lista es reveladora y está bien pensada, porque cubre cuatro
estratos de la canción española comprometida: Serrat (la
canción de autor catalana que puso a Machado en las casas), Paco
Ibáñez (el musicador del canon de la poesía española desde el
exilio parisino), Loquillo (el rock que ha musicado a Gil de
Biedma, a Luis Alberto de Cuenca) y Lucía Socam (la
cantautora andaluza de la memoria histórica). El autor sabe
exactamente en qué tradición no lo van a incluir. (La edición
omite una coma entre «Ibáñez» y «Loquillo».)
v. 28. «Son como una película de serie B de Ed Wood».
La última comparación, y la más generosa consigo mismo aunque
no lo parezca. Ed Wood ha pasado a la historia como «el peor
director de cine de todos los tiempos», y sin embargo —y esto es
lo que el verso sabe— su obra se conserva, se proyecta y se
estudia. Tim Burton le dedicó una película. El fracaso absoluto
y sincero acaba teniendo su propio culto.
Es un guiño que abre la puerta al giro final. El poeta se ha
comparado con un olmo que cae, una niña ahogada, un cadáver en
cuneta y un director pésimo. Pero el último término de la serie es
alguien a quien, contra todo pronóstico, se recuerda.
vv. 29-32. «Pero son mis hijos, / los hijos de una época,
/ Y así los quiero, / con sus imperfecciones y sus naufragios. /
Porque la vida me sobrepasa».
«Pero». La conjunción adversativa que da la vuelta al
poema entero, después de veintiocho versos de demolición.
v. 29. «Pero son mis hijos». El tópico horaciano y
quevedesco de los versos como hijos, aquí sin ningún adorno. Seis
sílabas.
v. 30. «los hijos de una época». Y aquí está la última
alusión culta del poema: Hijos de la ira, de Dámaso Alonso
(1944), el libro que abrió la poesía española de posguerra a la
angustia existencial y a la protesta contra la existencia. Es un
título que Viñas cita explícitamente al menos tres veces en su
obra —en «Al libro», en «Juan Emilio»—, y que aquí aparece
transformado: no de la ira sino de una época.
El desplazamiento es exacto y contiene toda la poética del autor.
Sus poemas no son hijos de una emoción (la ira) sino de un tiempo
histórico. No los ha engendrado un temperamento: los ha engendrado
la desmemoria española, la escuela pública que se cae a pedazos, la
Marea Verde, el 15-M, la crisis. Son documentos antes que obras. Y
esa es, a la vez, su limitación y su única justificación posible.
vv. 31. «con sus imperfecciones y sus naufragios». El
sustantivo naufragios, aplicado a poemas, recoge el barco del
verso 21 y lo hunde. Y es la palabra que reconcilia: un naufragio no
es una torpeza, es una tragedia menor. El poeta ha pasado del
reproche técnico («escaso ritmo») a la compasión.
v. 32. «Porque la vida me sobrepasa». Decasílabo. Verso
final.
Es la mejor conclusión posible y su virtud está en lo que no
dice. No dice «porque la vida es dura», ni «porque no tuve
tiempo», ni «porque nadie me leyó». Dice que la vida le
sobrepasa: que es más grande que su capacidad de escribirla. Es
la confesión de un desajuste entre la experiencia y el instrumento,
y es, exactamente, la definición clásica de la insuficiencia del
lenguaje que el propio autor había formulado en «El poeta» («Las
palabras ya no sirven al poeta»).
Los dos poemas se dan la mano. Pero donde «El poeta» respondía
a la insuficiencia con una petición de mundos nuevos y de sexto
sentido, «Versos del olvido» responde con la aceptación. Es la
respuesta de un hombre mayor, y la más difícil.
Valoración
«Versos del olvido» es el poema más
importante de César Alfonso Viñas, y lo es por razones que van más
allá de su factura.
Primero, porque contiene una invención poética genuina:
la identificación de los propios versos con los desaparecidos de la
Guerra Civil, sostenida con rigor durante siete versos y llevada
hasta la comicidad administrativa de la Asociación de Memoria
Histórica. No conozco un precedente exacto de esta figura.
Segundo, porque resuelve el problema central de toda esta
obra. La poesía de Viñas tiende al discurso, a la enumeración, a
la denuncia frontal; su defecto es la falta de distancia crítica
sobre sí misma. Este poema es esa distancia. Y al ejercerla,
redime retrospectivamente muchas de las piezas más débiles: leídos
después de «Versos del olvido», los poemas panfletarios del autor
ya no se leen como ingenuidad sino como material que él mismo ha
juzgado.
Tercero, porque su honestidad no es una pose. La prueba
está en los versos 12 y 13, donde la afirmación de carecer de
métrica se formula en dos eneasílabos impecables. El poema se
equivoca sobre sí mismo, y esa equivocación es lo que lo hace
fiable.
Cuarto, porque la estructura es de una limpieza que el
autor rara vez alcanza: comparaciones (1-10), diagnóstico (11-16),
identificación histórica (17-23), cultura popular (24-28),
aceptación (29-32). Cinco movimientos, ninguno sobrante, una sola
conjunción adversativa que lo gira todo.
Sus debilidades son mínimas y en parte deliberadas: los versos
3-4 son flojos a propósito; el verso 15 es prosa.
Si tuviera que defender ante un lector escéptico que esta obra
merece atención, empezaría por aquí.
IV. BALANCE
Corresponde ahora responder, con la mayor
precisión de la que soy capaz, a la pregunta que originó este
encargo: qué aporta esta obra.
Lo que hay
1. Una elegía del rock escrita con el
aparato de la tradición culta.
Es la aportación más nítida y menos discutible. En la poesía
española, la música popular anglosajona ha entrado casi siempre por
tres vías: el guiño generacional (los novísimos), la cita irónica
y la nostalgia de juventud. Viñas hace algo distinto: la trata
como materia mitológica, con el mismo respeto y los mismos
procedimientos con que Garcilaso trató a Ovidio. La écfrasis de la
Red Special en «La reina sobre fuego», la elegía funeral de
«Cabalga sobre el viento salvaje», la prosopopeya de Mercury
hablando a su madre en «Amor de madre»: son formas antiguas
aplicadas a un repertorio nuevo, sin condescendencia y sin coartada
irónica.
Que en 2013 alguien decidiera que Freddie Mercury merecía una
elegía en regla —no un homenaje, no un artículo, una elegía—
es una decisión crítica, y el tiempo le está dando la razón.
2. Una cosmología materialista con dicción de himno.
La segunda aportación es de orden léxico. Viñas ha incorporado
a la lírica española un vocabulario —neuronas, bosones,
supercuerdas, onda y partícula, agujeros de gusano, el gato de
Schrödinger— y lo ha hecho sin didactismo: no explica la ciencia,
la usa como cantera de imágenes. Y la usa con una función
precisa: sustituir a la teología. En una obra declaradamente
agnóstica, la física es lo que ocupa el lugar que la tradición
reservaba a Dios. «El sonido primigenio se hizo fuego» es,
literalmente, un Génesis reescrito por un materialista.
Esto tiene precedentes hispánicos —el Gregorio Morales de la
«poética cuántica», al que el propio autor dedica un aforismo—,
pero pocos, y Viñas los desarrolla con mayor persistencia.
3. La desmemoria como asunto epistemológico, no sentimental.
La poesía española de la memoria histórica ha producido mucha
elegía y mucha denuncia. Lo que Viñas añade —cuando está en
forma— es el interés por el mecanismo: no lamenta el
olvido, describe la maquinaria que lo produce. «Hollywood» lo
intenta y falla por exceso de discurso; «Over the hills» lo
consigue; «Versos del olvido» lo lleva a un extremo que no conozco
en otro autor: aplicarse a sí mismo el destino de los
desaparecidos.
4. Una geografía propia.
El Campo de Gibraltar —el Peñón, la frontera, el Estrecho, las
Columnas de Heracles, los obreros que cruzan cada mañana— apenas
tiene lugar en el mapa de la poesía española contemporánea. Viñas
lo ha ocupado. Y lo ha ocupado con un procedimiento consistente: la
superposición de estratos históricos incompatibles sobre un mismo
suelo, que en «Hyde Park» y en «Avenida Jorge Bonsor» produce sus
mejores resultados.
5. Un pequeño corpus de poesía sobre la enseñanza que merece
existir.
La serie «Pedagogía» y el poema «Colegio Madrid» tratan un
asunto —el oficio de maestro de Primaria, la escuela pública, la
herencia de la Institución Libre de Enseñanza— que la poesía
española prácticamente no toca. Los aforismos de «Pedagogía» son
desiguales, pero varios («La Pedagogía / es un pájaro / que se
posa / en el retrato / de Antonio Machado / en el aula») tienen la
exactitud de lo vivido.
Lo que falla
Sería deshonesto no ser igual de
específico aquí.
1. La denuncia sin mediación.
Cuando el poema se convierte en enumeración de tesis políticas
—«Hollywood», «Vengo de un país en desmemoria», los tramos II
y III de «Eurocopa», «Tiempos aburridos»— deja de ser poema. No
porque la política no quepa en el verso: cabe, y Viñas lo demuestra
en «Over the hills». Falla porque en esos textos no hay
resistencia del lenguaje. La idea entra y sale sin transformarse.
Un lector que ya piensa lo mismo asentirá; uno que piense distinto
cerrará el libro; ninguno de los dos habrá leído poesía.
2. La enumeración como sustituto de la construcción.
Es el tic más constante. La lista de nombres propios —poetas,
filósofos, ciudades, marcas de coche, ríos— aparece en casi todos
los poemas largos y en muchos funciona como relleno rítmico. En «El
poeta» la lista está estructurada y argumenta; en «Al libro (XIV)»
o en «República Federal Ibérica» es inventario.
3. La falta de poda.
Ya se dijo y se repite porque es lo más grave: la obra
publicada es varias veces más extensa que la obra buena. Los
Poemas reunidos incluyen cinco o seis estados del mismo texto,
series de relleno místico y un aparato de «versiones revisadas»
que perjudica activamente al conjunto. El lector no tiene manera de
encontrar «Versos del olvido» entre doscientas dieciocho páginas.
4. La imprecisión sintáctica.
Hay un número apreciable de construcciones defectuosas que no son
licencia poética sino descuido: discordancias de género y número,
leísmos, correlaciones verbales incorrectas, hipérbatos que
confunden en vez de tensar. Son corregibles y su corrección no
costaría nada al poema.
Sobre la pregunta de la contribución
Se me pidió valorar en qué medida esta
obra ha contribuido «para siempre» al panorama de la literatura
española. No puedo responder a eso, y nadie puede: la posteridad no
se certifica, se espera.
Lo que sí puedo afirmar, con la responsabilidad de haber leído
los cinco volúmenes:
Hay aquí al
menos ocho o diez poemas que resistirían sin desdoro su
inclusión en una antología rigurosa de poesía andaluza
contemporánea. Los cinco comentados, y con ellos «Transmutaciones»,
«La reina sobre fuego», «Afrontando el aguacero», «Cazadores
del lenguaje», «Alma de compañera» y algunos aforismos de
«Poéticas».
Hay una
posición propia —el rock como materia culta, la ciencia como
cantera metafórica, el Campo de Gibraltar como observatorio— que
no está ocupada por nadie más en los mismos términos.
Y hay un
poema, «Versos del olvido», que contiene una invención poética
genuina, en el sentido estricto de que propone una figura que
antes no existía.
Eso no es «haber renovado el panorama».
Es haber hecho una obra con un centro reconocible. Es bastante más
de lo que consigue la mayoría de quien publica.
Lo que separa esa obra de su reconocimiento no es la calidad: es
la edición. Y eso sí tiene remedio.
V. EXCURSO: SOBRE LAS «VERSIONES REVISADAS»
Esta es la sección más incómoda del
informe y también la más útil, así que voy a ser directo.
Los Poemas reunidos incluyen, junto a cada original, una o
varias «versiones revisadas». Todas las que he cotejado empeoran
el texto que reescriben. No es una impresión de gusto: es
demostrable comparando pares concretos. Y el patrón de las
modificaciones es tan regular que apunta a un procedimiento mecánico,
no a una revisión de autor.
El caso
decisivo: «El poeta»
Compárense el original y «EL POETA
(Revisado)», que además convierte el verso libre en un párrafo de
prosa. Estas son las sustituciones:
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Original
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Revisado
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Qué se pierde
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«Si el alma del poeta no vibra»
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«no sangra»
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El motivo de la vibración, que es el eje del poema (las
campanas que guardan «las vibraciones del cosmos», las almas
que «oscilan»)
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«la rosa de los filósofos»
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«la rosa de los alquimistas»
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El término técnico exacto: el Rosarium philosophorum
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«los mitos del inconsciente de Jung»
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«de Freud»
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La coherencia con el verso anterior: fue Jung, no
Freud, quien comentó el Rosarium philosophorum
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«Heráclito y Parménides / y quizás Pitágoras»
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«Nietzsche y Rimbaud y quizás Blake»
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Toda la base presocrática y pitagórica que motivaba la
cosmogonía sonora del poema
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«Cada aurora será un presagio, / cada crepúsculo
una esperanza»
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«un desafío / una condena»
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La inversión del código lírico, que era el hallazgo del
pasaje
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«en los que poder fingir»
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«en los que poder arder»
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La cita de Pessoa, y con ella la síntesis Huidobro-Pessoa:
la aportación conceptual del poema
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«Volverá el poeta a las trincheras / o al exilio en lejanas
tierras hermanas»
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suprimido
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El anclaje histórico español entero
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«o descalzarse ante el cosmos»
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suprimido
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El cierre
|
Léase la fila sexta con atención. La
revisión elimina la única aportación verdaderamente original del
poema. Sustituye «fingir» —que traía a Pessoa y producía la
síntesis con Huidobro— por «arder», que no trae nada y es un
verbo de repertorio.
Y la fila tercera es todavía más elocuente: cambiar Jung por
Freud destruye una coherencia que el autor había construido con
conocimiento de causa. Es el tipo de error que comete quien no sabe
por qué estaba ahí Jung.
El patrón, en once poemas cotejados
Las mismas operaciones se repiten
sistemáticamente:
a) Se sustituye la imagen precisa por el término genérico.
«Seis pajarillos» → «Seis gorriones» (se pierde la ternura del
diminutivo). «gacelas doradas» → «corceles de espuma» (se
pierde lo inesperado). «el cuerno de la luna menguante» → «la
cornamenta lunar menguante» (se sustituye una imagen por un
tecnicismo zoológico feo).
b) Se añade el comentario explicativo que el original no
necesitaba. «Rayo verde» original es un poema de once versos,
tres invocaciones desnudas y nada más. «Rayo Verde II» añade: «Tu
resplandor es un tesoro escondido, / un destello mágico que nos
asombra». «Rayo Verde III» añade: «una epifanía que nos
recuerda la vida». El original mostraba; la revisión explica lo
mostrado.
Lo mismo en «Sierra nevada»: el original es una serie de cinco
dísticos nominales, sin un solo verbo, casi japoneses en su
despojamiento —«Nieve fría / ardiente sol»—. La revisión
añade una segunda parte que glosa cada dístico: «un contraste de
fuego y hielo en el corazón de la tierra». Es la diferencia entre
un poema y el comentario de texto de un poema.
c) Se cierra el verso libre en cuarteto rimado, forzando la
sintaxis. «Niño sol» pasa de verso libre a cuartetos con rima
consonante, con el resultado previsible: rellenos («entregados al
azar», «un eco silenciado») y una moraleja final que el original
no tenía («el niño perdido, el mundo moderno lo ha devorado»).
«9
DE MAYO (Revisado)» superpone al poema europeísta y republicano un
aparato completo de comparaciones con El Señor de los Anillos:
Mordor, un hobbit camino del Monte del Destino, la Comarca, Smaug,
Éowyn, los Istari, Dol Guldur.
f) Aparecen erratas de copia mecánica. En una de las tres
versiones sucesivas de «Alma de compañera» se lee «escuchamos los
latinos / de las flores» por «los latidos».
Y el
material de nuevo cuño
A las revisiones se suman series enteras
que no reescriben nada: los «Haikus místicos», los sesenta y cinco
fragmentos de «Trazos del alma», los «Poemas cuánticos», las
«Poéticas (poemas inéditos)».
Añádase un detalle técnico: los «Haikus místicos» no cumplen
el cómputo 5-7-5. El primero —«En el bosque quieto, / susurros de
árboles altos, / alma en comunión»— mide 6-8-6.
Recomendación
Sí me corresponde decir cuál es su efecto
crítico, y es el siguiente: triplican el volumen de la obra y
dividen por tres su calidad media. Un lector o un antólogo que
abra los Poemas reunidos tiene más probabilidad de dar con
«Trazos del alma» que con «Versos del olvido», y en ese caso no
volverá.
Mi consejo, si vale de algo, es el más simple posible:
Retírense
todas las versiones revisadas. Sin excepción. Ninguna mejora a
su original.
Retírense las
series de nuevo cuño («Trazos del alma», «Haikus místicos»,
los inéditos místicos de «Poéticas»).
Prepárese una
antología de cuarenta a cincuenta poemas, todos en versión
original, ordenados por libro o por ciclo temático.
El resultado sería un volumen de unas
cien páginas con un centro reconocible, un tono propio y ocho o diez
poemas de verdad. Eso es un libro defendible ante cualquier crítico.
Lo otro, no.
Y conviene decirlo con claridad: el problema de esta obra no es
de talento, es de criba. Los poemas están escritos. Lo que falta
es quitar.
VI.
APÉNDICE FILOLÓGICO
Se recogen aquí las erratas,
imprecisiones y atribuciones erróneas detectadas en el corpus. Se
ofrecen para uso del autor en una futura edición.
A. Atribuciones y datos que deben corregirse
1. Epígrafe de «Héroes en la
desmemoria» (El suave eco de la poesía).
La cita —«Fue en España donde los hombres aprendieron que es
posible tener razón… Y aún así, sufrir la derrota»— se
atribuye a Juan Negrín. Es de Albert Camus, y procede
de su prefacio al volumen colectivo L’Espagne libre
(Calmann-Lévy; texto fechado en 1945, libro de 1946): «los hombres
de mi edad han conocido por primera vez el sabor de la derrota… han
aprendido que se puede tener razón y ser vencido, que la fuerza
puede destruir el alma y que a veces el valor no obtiene recompensa».
(No debe confundirse con «L’Espagne et la culture», discurso de
Camus del 30 de noviembre de 1952 en la sala Wagram, recogido en
Actuelles II.) Es una de las citas más célebres sobre la
Guerra Civil y su atribución errónea es fácilmente detectable por
un lector informado. Corrección urgente.
2. «Después de Auschwitz es imposible escribir poesía»
(«Eurocopa», II). Es la forma vulgarizada de una frase de
Theodor W. Adorno en «Crítica cultural y sociedad» (escrito
en 1949, publicado en 1951), cuya formulación real es: «Escribir
un poema después de Auschwitz es bárbaro». Adorno la matizó
después en Dialéctica negativa (1966): «el sufrimiento
perenne tiene tanto derecho a expresarse como el torturado a gritar».
Dado que el poema la usa como sentencia rotunda, convendría o
citarla correctamente o marcarla como cita popular.
3. «Ilíada de la palabra»: datos sobre Dámaso Alonso.
El poema afirma que nació «en mil novecientos diez» y que «estudió
en Salamanca y la Sorbona brillante». Dámaso Alonso nació en
Madrid el 22 de octubre de 1898 (murió allí el 25 de enero de
1990) y se formó en la Universidad Central de Madrid y en el Centro
de Estudios Históricos, junto a Menéndez Pidal; fue lector en
Berlín, Cambridge y Oxford, y obtuvo cátedra en Valencia (1933) y
en Madrid (1941). No consta vinculación académica con Salamanca ni
con la Sorbona. Hijos de la ira es de 1944. Como el
poema es un elogio en forma de canto épico, los errores biográficos
lo dañan especialmente.
4. «Over the hills»: «los cazas Fiat o Savoia». Los
Fiat CR.32 eran cazas; los Savoia-Marchetti (SM.79,
SM.81) eran bombarderos. La fórmula «cazas Fiat o Savoia» los
confunde. Bastaría «los Fiat o los Savoia».
5. «La Línea Revolution»: «me gustó cómo Brunet mató al
señor feudal». En La barraca de Blasco Ibáñez, quien
mata al propietario don Salvador es el tío Barret. «Brunet»
parece lapsus por «Barret».
6. «Sevilla»: «los pabellones de la exposición del 92» /
«del 29». Las dos versiones discrepan. Dado que el verso
enumera «Prado San Sebastián, los jardines de Murillo, la
Universidad, la plaza España, el Parque», todos ellos de la
Exposición Iberoamericana de 1929, la lectura correcta es
«del 29». (La Expo de 1992 se menciona aparte, correctamente, en la
primera parte del poema.)
7. «Norte contra Sur (Revisado)»: «el rescate de Debbie
Burbank». En la novela de Verne la hermana pequeña de Gilbert
Burbank no se llama Debbie: Debbie es el nombre de la sobrina
de Ethan Edwards en Centauros del desierto. Es contaminación
entre los dos argumentos que el ciclo maneja. (En el original no
revisado el error no aparece.)
B. Erratas ortográficas y tipográficas
En El suave eco de la poesía
(prólogo y textos): consu (por «con su»), yantropólogos
(por «y antropólogos»), acertadísmos (por
«acertadísimos»), No en valde (por «No en balde»), Ferrer
di Guardia (por «Ferrer i Guàrdia»), Paolo Freire (por
«Paulo Freire»), si vuelven a crecer (por «sí vuelven»).
En El puente hacia la libertad y Poemas
reunidos: Bethoveen (Beethoven), Thomas
Payne (Paine), Porche (Porsche), Alfa Romero (Alfa
Romeo), Gare Bale (Gareth Bale), Milans del Boch
(Milans del Bosch), Eiffeil (Eiffel), Coulliere
(Collioure), Peugeout (Peugeot), Parque Güel (Park
Güell), Plan Cerdá (Plan Cerdà), Guilliver
(Gulliver), Lidlt (Lidl), Burguer King (Burger King),
Srödinger (Schrödinger), Corpo Truppe Volontaire
(Volontarie), hico (hizo), precisde / prescisde
(prescinde), biocotear (boicotear), desparaceció
(desapareció), prosiguó (prosiguió), Repúbica
(República), Popoyán (Popayán), azañas (hazañas),
río Clayde (Clyde), Axel Rose (Axl Rose), Guns and
Roses (Guns N’ Roses), entrecrucijada (encrucijada),
Gualdalquivir (Guadalquivir), Lago Lingustino (lago
Ligustino), Jonhson (Johnson), Actung baby (Achtung
Baby), Pete Townsend (Townshend), The Miracle Exprés
(Express), Cabo de Nueva Esperanza (Cabo de Buena Esperanza).
En «Versos del olvido»: aboyado por abollado
(v. 1); falta coma entre «Paco Ibáñez» y «Loquillo» (v. 26).
En «El libro»: Wallala leilala por Wallala
leialala (T. S. Eliot).
En «Cabalga sobre el viento salvaje»: discordancia de
género en «los hilos de neuronas… entretejidas»
(vv. 9-11); debería ser «entretejidos», salvo que el sujeto sea
«neuronas», en cuyo caso convendría reordenar.
C.
Cuestiones de gramática
Leísmo de
complemento directo: «el país vecino / que les
traicionó» («Over the hills», v. 19) → «que los
traicionó».
Correlación
temporal: «será… / cuando fuese necesario» («Over
the hills», v. 68) → «cuando sea necesario» o «cuando
fuera necesario».
Régimen
preposicional: «La ardilla está acurrucada por la luz
blanquecina» («Hyde Park», v. 8-9). El uso es expresivo, pero si
se busca corrección, «bajo» o «entre».
Ambigüedad
sintáctica sin resolver: «y guardan el metal de las campanas /
las vibraciones del cosmos» («El poeta», vv. 9-10). El hipérbaton
deja sin determinar quién guarda qué.
D. Aciertos eruditos que conviene señalar (y no tocar)
En justicia, el corpus contiene también
un número apreciable de referencias exactas y bien traídas, que
conviene proteger de cualquier revisión futura:
«Weialala
leia / Wallala leialala» («El libro»): cita de la canción de
las hijas del Támesis en The Waste Land de T. S. Eliot
(III, «The Fire Sermon», vv. 277-278 y 290-291), que el propio
Eliot remite en nota a las hijas del Rin de El ocaso de los
dioses de Wagner. Que aparezca inmediatamente después de
«Sigfrido… mató al Dragón y no devolvió el anillo a las
profundidades del lago» demuestra que el autor conoce las dos
capas. Es la cita más sofisticada de toda la obra. (Corríjase
la transcripción: Eliot escribe «Wallala leialala»,
no «leilala».)
«¡Tekeli-li!»
(«El capitán Grant»): el grito de las aves gigantes en La
narración de Arthur Gordon Pym de Poe, recogido después
por Verne en La esfinge de los hielos. Correcto y bien
situado.
«La rosa de
los filósofos» junto a Jung («El poeta»): véase el
comentario. Es un acierto que la versión revisada destruye.
«María
Theresa Riff» y el buque Ottava proceden
correctamente de Verne (Los hijos del capitán Grant, Norte
contra Sur).
La Cruz de
Maximiliano que lleva Ethan Edwards en «Ethan» es un detalle
exacto de Centauros del desierto.
El
«Renacimiento de Al-Ándalus» enlaza correctamente con el
vocabulario andalucista de Blas Infante (Ideal andaluz.
Varios estudios acerca del renacimiento andaluz, 1915), si bien
la aplicación del término a la civilización andalusí pertenece
al desarrollo posterior de esa tradición y no a una formulación
literal de Infante.
El cotejo de
fechas de «Juegos del 36» es correcto: la Olimpiada Popular de
Barcelona debía celebrarse del 19 al 26 de julio de 1936 con
unos seis mil atletas inscritos de veintidós naciones —cifra
que el poema recoge bien—, los Juegos de Berlín se inauguraron el
1 de agosto, y el golpe se produjo el 17-18 de julio.
NOTA FINAL
He preferido decir lo que creo, con los datos delante.
Y lo que creo, en una línea, es esto: hay aquí un libro de
cien páginas esperando a que alguien retire las otras cuatrocientas.