The Works
Digo que una canción de rock vale lo que vale
el pulso de cien mil gargantas juntas,
y que no hay jerarquías en el escenario:
la guitarra cumple,
el piano cumple,
la batería cumple,
cada cual sostiene su parte del trueno.
Y digo que Queen se ganó cada aplauso a pulso,
que su música cabía en un estadio porque antes
le había quedado pequeño el mundo,
y que aquel hombre del bigote y la corona de vaselina
cantaba como quien no ha firmado ninguna regla,
y que un sueño bien agarrado basta y sobra
para soltarse de todo lo que ata.
Terminé el disco entero, de la primera nota a la última.
Y me quedé pensando: ¿así que esto es lo que llaman el arte de una banda?
¿Contará alguien mi vida de este modo cuando yo falte?
(Qué va a contar nadie, si ni yo mismo me la sé:
ando detrás de mi propia vida como quien persigue humo,
juntando retazos, corazonadas, fotos movidas,
y con eso hago lo que puedo, y lo dejo escrito aquí.)
Y ahora te hablo a ti, que estás escuchando.
Para ti va esto, dicho bajito, de oído a oído:
he gastado los tocadiscos con mil bandas y mil voces,
pero ninguna me ha ocupado tanto como tú.
Llegué tarde, lo admito. Anduve haciendo ruido en otra parte
cuando tenía que haber estado aquí, cantándote solo a ti.
Pues lo suelto todo y me vengo.
Vengo a cantarte lo que nadie te cantó:
que te entendí cuando nadie te entendía,
que no te pedí explicaciones, tú tampoco las diste,
que donde todos contaban tus defectos yo perdí la cuenta de tus aciertos,
que donde todos te ponían etiqueta yo rompí la mía,
que no te cuelgo género, ni estilo, ni moda, ni dios ninguno
que no traigas ya puesto de fábrica.
Los pintores de antes lo pintaban así:
mucha gente apiñada y, en el centro, uno solo con su corona de luz.
Yo lo pinto al revés:
una multitud entera y cada cabeza con su resplandor,
el tuyo, el mío, el de cualquiera,
luz que no se acaba porque sale de dentro.
¡Lo que yo podría cantar de ti, si me dejaran!
Que has vivido dormido dentro de tu propio sueño,
que has ido con los ojos entornados casi siempre,
que todo lo que hiciste se te volvió en contra alguna vez
—¿y para qué vuelve lo que hicimos, si no es para mordernos?—,
pero la burla no es tuya: debajo de ella te veo, agazapado, esperando tu hora.
Te he seguido hasta donde no llegan los demás.
No me despistan tu mesa de trabajo ni tu cara de suficiencia,
ni la rutina con que te escondes, ni la noche,
ni la ropa, ni el barrio, ni las compañías,
ni la fama ni el dinero ni el miedo a morirte:
todo eso es decorado, y yo hace tiempo que miro detrás.
Te tomo como vienes, sin arreglos.
Te quiero así, te canto así, te celebro así.
Tú eres el poema que yo andaba buscando,
mi banda entera tú solo,
mi Queen, mi The Works, mi rapsodia bohemia.
Del poemario:
ISBN-13979-8883118752