Amor entre Rodrigo y Zaida
Poema del poemario
- ASIN : B0CTD8Z42V
Romance de Rodrigo y Zaida
En una feria de potros
—unos dicen que en Toledo,
otros juran que fue en Córdoba,
y a saber, que ha llovido tanto—
se cruzaron dos miradas
que más les valiera no haberse cruzado.
Él, Rodrigo, godo y noble,
de los que juraban por Witiza;
ella, Zaida, la del califa,
seda y azahar de la Córdoba mora.
Él rezaba a un dios de tres nombres,
ella al Dios único de su Profeta,
y entre ambos, más que dos leguas,
había dos mundos con las espadas puestas.
Lo sabían. Vaya si lo sabían.
Y aun sabiéndolo se buscaban,
que el saber nunca apagó fuego alguno.
En un claro del bosque se veían
cuando la luna hacía la vista gorda,
y allí gastaban las horas y los juramentos,
y al despedirse siempre lo mismo:
un día de estos nos vamos, un día de estos.
Hasta que el día tuvo fecha.
—No aguanto más escondrijos, Zaida.
Mentir cansa más que cabalgar.
Tengo dos caballos apalabrados,
ropas de camino, gente de fiar,
y en el puerto de Valencia, esperando,
una nave genovesa que va a Italia.
Allí nadie sabrá quiénes fuimos.
Ella tardó en contestar. Quien diga
que no dudó, no sabe lo que ella dejaba:
padre, hermanos, patios, nombre,
todo lo que una vida tarda en juntarse.
—¿Y qué les diremos? —preguntó al fin.
—Nada. Una nota sobre la mesa:
"Nos fuimos por amor". Con eso basta.
Que lo entienda quien tenga corazón;
al que no, no había carta que le valiera.
Al alba siguiente, dos jinetes
salieron sin volver la cabeza,
que volverla era quedarse.
Polvo hasta Valencia, sal en el puerto,
la pasarela, el último escalón de España,
y el barco soltando amarras.
No sabemos si fueron felices;
los romances nunca cuentan tanto.
Sabemos que el viento quiso ayudar,
que la costa se fue haciendo pequeña,
y que iban los dos en la borda, cogidos,
mirando venir lo desconocido
como se mira venir la vida:
con más ganas que miedo,
y con el miedo, también, bien agarrado.

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